Contextos

¿Cambiará alguna vez Arabia Saudí sus libros de texto?

Por Pablo Molina 

Salman ben Abdulaziz, rey de Arabia Saudí.
"Esos manuales son auténticas bombas de odio contra los judíos, los cristianos y cualquiera que no profese el wahabismo, la versión ultrarrigorista del islam promovida por la casa Saud"

El régimen saudí concita las más duras críticas internacionales por su papel en la promoción del odio y la violencia religiosos a través de los libros de texto utilizados en su sistema de enseñanza. Los efectos de esta política tienen consecuencias fuera de las fronteras saudíes, puesto que todo ese material escolar repleto de ideas violentas se exporta de manera gratuita a los centros educativos patrocinados por Riad en todo el mundo.

Esos manuales son auténticas bombas de odio contra los judíos, los cristianos y cualquiera que no profese el wahabismo, la versión ultrarrigorista del islam promovida por la casa Saud. Son innumerables los ejemplos de textos que fomentan o legitiman la violencia contra los denominados “infieles”, despropósito impropio de un país que quiere mantener buenas relaciones la mayoría de las naciones del planeta.

Riad se había comprometido a poner remedio a este estado ya el año pasado. Para entonces, las autoridades saudíes iban a tener completada una revisión en profundidad de los textos oficiales destinados a los centros de enseñanza, pero un reciente informe de la Secretaría de Estado estadounidense ha revelado que se sigue difundiendo el mismo discurso de odio.

El departamento que dirige John Kerry hace gala de su particular sentido de la diplomacia al señalar que Arabia Saudí “no ha completado su proyecto de eliminar el contenido censurable de los libros de texto”. Y tanto no lo ha completado que, según el mismo informe, en los manuales que estudian los niños saudíes y los musulmanes de los centros internacionales financiados por Riad figuran instrucciones para matar “brujos” y excluir socialmente a los infieles, que es como se refieren a judíos, cristianos, musulmanes chiíes y sufíes, considerados como “no adheridos apropiadamente al monoteísmo”.

Como señala David Andrew en este estudio de la Fundación para la Defensa de las Democracias, la mención de los brujos no es meramente una cuestión académica. La Justicia saudí decapitó en 2014 a un hombre acusado de brujería, y la policía religiosa encarceló a otros 51 brujos a lo largo del mismo año.

Arabia Saudí se había comprometido ante la Comisión para la Libertad Religiosa a revisar todos los libros de texto antes de que finalizara 2014, al objeto de eliminar los contenidos antisemitas y los pasajes de odio contra otras etnias y confesiones religiosas. De hecho, la monarquía saudí tenía que haber realizado esa labor mucho antes. El anterior monarca, Abdalá, se comprometió ante Washington a corregir los libros de texto en la década anterior, operación que iba a estar finalizada allá por 2008. Siete años después, todo sigue igual, por lo que resulta evidente que Arabia Saudí, una vez más, ha engañado a sus socios occidentales.

Las referencias intolerantes y la excitación del odio hacia otras religiones no es sólo un asunto académico, además afecta directamente a la lucha contra el terrorismo islamista, como han puesto de manifiesto con insistencia las autoridades del Tesoro estadounidense encargadas de combatir la financiación de este tipo de terrorismo. La inclusión de Arabia Saudí en la coalición que combate al Estado Islámico obligaba a Riad a cumplir de una vez con su compromiso de erradicar el radicalismo y el odio a las demás religiones de su sistema de enseñanza. La mejor prueba de su incumplimiento es que también los terroristas del Estado Islámico utilizan los textos saudíes en sus madrazas.