Contextos

¿Bombardeó Israel Latakia la semana pasada?

Por Michael Weiss 

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"El 'New York Times' informó en mayo de que Siria había recibido una nueva partida de estos misiles supersónicos, 'asesinos de barcos', que pueden recorrer hasta 300 kilómetros y evitar defensas aéreas y contramedidas electrónicas"

El jueves de la semana pasada, un día después de que los norteamericanos pasaran la resaca del 4 de Julio, siguieran desde casa el caso Trayvon Martin o las repercusiones del golpe de Estado en Egipto, se produjeron misteriosas explosiones en un depósito de armas en el distrito de Mushayrafet al Samuk de la ciudad de Latakia, en la costa siria. Al parecer fueron vistos cazas sobrevolando la cercana ciudad de Al Hafa, y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos cita a vecinos de Latakia que afirmaron que las explosiones fueron causadas por misiles disparados desde lugares sin identificar. El Observatorio dijo también que algunos soldados sirios resultaron muertos o heridos.

Kasem Saadedine, portavoz del Mando Militar Supremo (MMS) del Ejército Libre Sirio, declaró a Reuters el pasado día 9:

El ataque se realizó desde aviones o bien con misiles de largo alcance disparados desde buques emplazados en el Mediterráneo.

El único responsable verosímil, por tanto, sería Israel.

Los medios del régimen han guardado silencio respecto a lo sucedido; se han limitado a decir que, al parecer, hubo “una serie de explosiones”. Por su parte, Al Manar, la televisión de Hezbolá, afirmó, citando una “fuente militar”, que las explosiones habían sido causadas por cohetes o misiles lanzados desde otra base militar cercana a una localidad unos 20 kilómetros al norte de Latakia.

Un experto me dijo que la explosión parecía “demasiado pequeña” para tratarse de un ataque israelí, y, que, en cualquier caso, el grupo rebelde salafista Ahrar al Sham ha estado atacando Latakia desde hace algún tiempo. Muchos rebeldes ajenos a la oficina del MMS, que cree que “todo es Israel”, son proclives a creer que los responsables fueron radicales de dicho grupo, pese a que la misma fuente añadió que todo podría ser vana fanfarronería.

A diferencia de lo ocurrido en mayo con los bombardeos masivos de arsenales iraníes en Damasco por la Fuerza Áerea de Israel, cuyas intensas consecuencias fueron grabadas en vídeo y subidas a inmediatamente a YouTube, no hay pruebas documentales del ataque. Cuando el pasado día 6 se le preguntó sobre el incidente, el ministro israelí de Defensa, Moshe Yaalón, afirmó que Israel no había intervenido en “la sangría siria” desde hacía “mucho tiempo”. Por lo visto, un mes y medio es mucho tiempo para él. Yaalón ofreció la cauta respuesta canónica a cualquier pregunta sobre la responsabilidad israelí en recónditas operaciones militares en el extranjero:

Hemos establecido líneas rojas en lo que respecta a nuestros intereses, y las mantenemos. Hay un ataque aquí, una explosión allá, varias versiones… En cualquier caso, en Oriente Medio, a quien más se culpa habitualmente es a nosotros.

Más intrigante resulta que Reuters citara a un “antiguo alto cargo de la seguridad israelí”, que confirmó que en la zona del ataque de Latakia se almacenan misiles antibuque Yajont.

Si Israel se tomó la molestia de volatilizar una partida de misiles tierra-aire SA-17, como hizo el pasado enero en su primera incursión en Siria desde el inicio del conflicto, entonces ciertamente se podría haber tomado también la de eliminar un almacén lleno de Yajonts, que supondrían una clara amenaza para la Armada israelí y para el tráfico de petroleros y buques de transporte de gas en el Mediterráneo. El New York Times informó en mayo de que Siria había recibido una nueva partida de estos misiles supersónicos, asesinos de barcos, que pueden recorrer hasta 300 kilómetros y evitar defensas aéreas y contramedidas electrónicas. Además, el Wall Street Journal citó a agentes de inteligencia israelíes y occidentales que en ese momento creyeron que los misiles podrían haberse entregado fácilmente a Hezbolá “en cuestión de días”. Hay que señalar que esto ocurría antes de que el Ejército de Asad, junto a milicias irregulares encabezadas por Hezbolá, arrebatara Qusair a los rebeldes, punto estratégico fundamental en el corredor Siria-Líbano.

Un miembro de la Coalición Opositora Siria publicó en un foro de Facebook:

Bashar proporciona, o trata constantemente de suministrar, las mejores armas a Hezbolá. De hecho, Hezbolá elige las armas que más le gustaría tener y las almacena en territorio sirio.

El primer pedido de nuevos Yajonts, según el Times, incluía 72 misiles, 36 vehículos de lanzamiento y equipo auxiliar; “y los sistemas se han desplegado en el país”. Siria ya tenía un arsenal de estos misiles, pero los modelos avanzados llevan un sistema de radar más avanzado que los hacen más efectivos a la hora de eludir un bloqueo naval o una zona de exclusión aérea; suponiendo, claro está, que los sirios sepan manejarlos.

Si bien el canciller ruso aseguraba el mes pasado que habían retirado de Siria a todo el personal del Ministerio de Defensa, por lo visto esa estampida masiva no incluía a los numerosos técnicos contratados por el régimen para adiestrar a las fuerzas sirias en el manejo del armamento ruso más novedoso.

En caso de ser cierto lo de Latakia, no sería la primera vez que Israel llevara a cabo un ataque letal contra una ciudad portuaria siria. La noche del 1 de agosto de 2008 el general de brigada Mohamed Suleimán fue alcanzado por el disparo de un francotirador, que le atravesó la cabeza y el cuello, mientras visitaba su chalet de la playa en Tartus. Suleimán, generalmente considerado el interlocutor sirio con Hezbolá, también era el responsable de “proyectos especiales para Asad, algunos de los cuales podrían haber sido desconocidos para el grueso de la cúpula militar siria”, según unos cables del Departamento de Estado publicados por Wikileaks. Dichos proyectos se referirían principalmente a la obtención de armas especiales y estratégicas. “Los sospechosos más obvios son los israelíes”, dijo la embajada estadounidense en Damasco. El asesinato de Suleimán se produjo sólo meses después de que el comandante supremo del Partido de Dios, Imad Mugniyeh, muriera en la explosión de un coche bomba en el distrito damasceno de Kafarsuseh, y de que aviones de guerra israelíes destruyeran las instalaciones nucleares de Al Kibar.

En realidad, citando de nuevo al Departamento de Estado, una ciudad costera como Tartus “ofrecería a operativos israelíes un acceso más sencillo que muchas localidades del interior, como Damasco”. Como Siria se encontraba en esos momentos inmersa en negociaciones de paz con Israel, que finalmente resultaron infructuosas (y siempre absurdas), y como la atención sobre el asesinato de Suleimán habría supuesto una situación internacional embarazosa, el régimen silenció el asunto. También trató de neutralizar la paranoia internacional de que había sido un trabajo interno, probablemente encargado por el gerifalte de la seguridad Asef Shawkat, que odiaba a Suleimán, entre otras cosas porque éste le había despojado de muchas de sus competencias en seguridad después del asesinato de Mugniyeh, que había demostrado cuán fácilmente se podían atravesar las míticas defensas sirias.

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