Contextos

Black Lives Matter debe anular su declaración antiisraelí

Por Alan M. Dershowitz 

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"Mientras BLM no elimine este libelo de sangre de su declaración y renuncie a él, ninguna persona decente –negra, blanca o de cualquier otro origen racial o étnico– debería tener nada que ver con él. Debemos seguir luchando contra los abusos policiales apoyando a otras organizaciones o creando unas nuevas. Pero no debemos convertirnos en cómplices de la promoción del antisemitismo sólo porque estemos de acuerdo con el resto del programa de BLM"

Es una verdadera tragedia que Black Lives Matter (BLM) –que tanto bien ha hecho generando conciencia sobre los abusos policiales– se haya desviado ahora de su misión central y declarado la guerra al Estado-nación del pueblo judío. En una declaración recientemente publicada, las más de 60 asociaciones que conforman el núcleo del movimiento BLM se apartaron de su camino para marcar a un país extranjero y acusarlo de perpetrar un genocidio y practicar el apartheid.

No, no se trata del Gobierno sirio, que ha asesinado a decenas de miles de personas inocentes con bombas de barril, armas químicas y gas. Ni de Arabia Saudí, que practica abiertamente el apartheid sexual y religioso. Ni de Irán, que cuelga a los gais y asesina a los disidentes. Ni de China, que viene ocupando el Tíbet desde hace más de medio siglo. Ni de Turquía, que encarcela a periodistas, jueces y académicos. Tampoco se trata de ninguno de los numerosos países, como Venezuela o México, donde proliferan los abusos policiales, frecuentemente impunes, contra personas inocentes. Ni de la Franja de Gaza, controlada por Hamás, donde la Policía es una suerte de ley en sí misma que hace las veces de juez, jurado y verdugo en cuestiones políticas o religiosas que no son de su agrado.

Se trata sólo de Israel, el Estado-nación del pueblo judío y la única democracia de Oriente Medio. La declaración acusa a EEUU de ser “cómplice en el genocidio que se está perpetrando contra el pueblo palestino” por procurar ayuda a un “Estado apartheid”.

Sin duda, BLM no es una organización monolítica. Es un movimiento que comprende numerosas asociaciones. Muchos de quienes la apoyan no tienen ni idea de lo que dice esa declaración. No se les puede culpar por defender al movimiento o su misión primordial.

Pero esa declaración es lo más cercano a una declaración de principios por parte de BLM. El párrafo sobre el genocidio podría haber sido introducido por radicales no representativos de la corriente mayoritaria. Pero ahora que ha sido publicado oficialmente, todos los seguidores decentes de BLM –y hay muchos– deben exigir su retirada.

Criticar a Israel no es antisemita. Como otras democracias, incluida la nuestra, tiene sus defectos. Es legítimo criticar los asentamientos de Israel y sus políticas de ocupación. Pero señalar únicamente a Israel y acusarla falsamente de “genocidio” sólo se puede explicar por un descarado odio a los judíos y a su Estado.

Israel, defendiendo a sus ciudadanos contra el terrorismo desde antes de su fundación como Estado, en 1948, ha matado a menos palestinos que Jordania y Siria en dos guerras mucho más cortas. El número relativamente bajo de muertes civiles causadas por las medidas de autodefensa israelíes durante los últimos 68 años sale muy bien parado respecto al número de muertes civiles en otros conflictos. Como explicó el coronel Richard Kemp, excomandante de las fuerzas británicas en Afganistán: “En ningún momento de la historia de la guerra ha habido un ejército que haya hecho más esfuerzos por reducir las muertes de civiles [que las Fuerzas de Defensa de Israel]”. Aunque Kemp se estaba refiriendo específicamente a las guerras en la Franja de Gaza –donde al parecer también pone el foco el programa de BLM–, su conclusión es aplicable a todas las que ha librado Israel.

La palabra genocidio alude al exterminio deliberado de una raza, como hizo la Alemania nazi con los judíos, los sinti y los romaníes, o los hutus con los tutsis en Ruanda. No se aplica a las muertes causadas por medidas de autodefensa tomadas para proteger del terrorismo a la ciudadanía. Acusar falsamente a Israel de “genocidio” –el peor crimen de todos, y el crimen cuya denominación fue acuñada para describir el asesinato sistemático de 6 millones de judíos– sí es antisemita.

Mientras BLM no elimine este libelo de sangre de su declaración y renuncie a él, ninguna persona decente –negra, blanca o de cualquier otro origen racial o étnico– debería tener nada que ver con él. Debemos seguir luchando contra los abusos policiales apoyando a otras organizaciones o creando unas nuevas. Pero no debemos convertirnos en cómplices de la promoción del antisemitismo sólo porque estemos de acuerdo con el resto del programa de BLM.

Apoyar a una organización o movimiento que promueve el antisemitismo porque también defiende buenas causas es iniciar el camino a la aceptación del racismo. Muchos grupos racistas también han promovido causas que merecen apoyarse. Los Panteras Negras tenían programas de desayuno para los niños de los centros urbanos, mientras defendían la violencia contra los blancos. Y el Ku Klux Klan organizaba campamentos de verano para familias de clase obrera, mientras defendía la violencia contra los negros.

Debe haber tolerancia cero ante el antisemitismo, con independencia de la raza, la religión, el sexo o la orientación sexual de los fanáticos que lo promuevan, lo practiquen o sean cómplices de él. Estar en el lado correcto del problema racial no le da a uno licencia para estar en el lado incorrecto del más antiguo fanatismo.

Tolerar a BLM su fanatismo antijudío sería participar del racismo. El antisemitismo negro es tan inexcusable como el antisemitismo blanco o el racismo blanco. No puede haber una doble moral en lo que respecta al fanatismo.

Escribo esta columna afligido y enfadado. Afligido porque defiendo los objetivos del movimiento BLM –he participado durante mucho tiempo en iniciativas para sacar a la luz y prevenir los abusos policiales–, y me preocupa que esta declaración aborrecible y divisiva pueda destruir su credibilidad respecto a los abusos policiales en EEUU promoviendo deliberadamente mentiras sobre Israel. También aleja a los judíos y a otros seguidores que podrían ayudarles a conseguir sus objetivos aquí en casa, como han hecho históricamente muchos individuos apoyando activamente todos los aspectos del movimiento por los derechos civiles.

Y escribo enfadado porque nunca hay excusa para el fanatismo y para promover libelos de sangre contra el pueblo judío y su Estado. Debe parar. Y exigir una condena a todos los que lo practiquen.

Black Lives Matter debería anular las partes de la declaración que acusan falsamente a Israel de genocidio y apartheid. Si no lo hace, correrá el riesgo de acabar en el basurero de la historia, junto a otros grupos fanáticos que han sido desacreditados.

Sería muy triste que la buena labor realizada por BLM descarrilara ahora por la mendaz e irrelevante acusación de “genocidio” y “apartheid” contra una democracia extranjera: Israel.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio