Contextos

¡Basta de subvencionar los crímenes terroristas!

Por Evelyn Gordon 

Estado en que quedó la habitación de la niña israelí Halel Yafa tras el ataque terrorista palestino que le costó la vida (30 JUN 16).
"La AP ha estado años pagando salarios por encima del mercado a quienes perpetran atentados antiisraelíes. Los sueldos van desde los 2.400 hasta los 12.000 shékels mensuales, y se pagan durante todo el tiempo que el asesino esté en la cárcel en Israel (quienes mueren cometiendo los ataques obtienen otros beneficios). La cantidad mínima equivale más o menos al salario medio –no el mínimo– de los trabajadores en la Margen Occidental, y es aproximadamente un 40% superior al salario medio en Gaza; en cuanto a la cifra más alta de ese rango, la mayoría de los palestinos no podrían alcanzarla ni en sueños. En resumen: la AP ha hecho que el terrorismo sea algo mucho más lucrativo que el trabajo productivo"

El brutal atentado en el que un adolescente palestino asesinó a una israelí –también era ciudadana estadounidense– de 13 años en su propia cama la mañana del 30 de junio ilustra perfectamente por qué es fundamental una disposición legal que ahora se está presentando en el Congreso norteamericano, y que no acabará con la abominable práctica de la Autoridad Palestina (AP) de pagar generosos salarios a quienes perpetran asesinatos como éste, pero al menos dejará de hacerlo con dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Recapitulemos brevemente: la AP ha estado años pagando salarios por encima del mercado a quienes perpetran atentados antiisraelíes. Los sueldos van desde los 2.400 hasta los 12.000 shékels mensuales, y se pagan durante todo el tiempo que el asesino esté en la cárcel en Israel (quienes mueren cometiendo los ataques obtienen otros beneficios). La cantidad mínima equivale más o menos al salario medio –no el mínimo– de los trabajadores en la Margen Occidental, y es aproximadamente un 40% superior al salario medio en Gaza; en cuanto a la cifra más alta de ese rango, la mayoría de los palestinos no podrían alcanzarla ni en sueños. En resumen: la AP ha hecho que el terrorismo sea algo mucho más lucrativo que el trabajo productivo.

No es menos repulsivo el hecho de que el monto del salario dependa de la duración de la sentencia. Las cantidades más elevadas van a los condenados a cadena perpetua –es decir, a quienes consiguen asesinar a al menos un israelí–, mientras que las más bajas van a quienes reciben sentencias más cortas; es decir, a los terroristas que fracasan y no logran matar o herir a nadie. Por lo tanto, la AP no solo incentiva los ataques terroristas frente a la búsqueda de empleo, también el asesinato masivo frente a crímenes de menor entidad.

Después de que se descubriera esto en 2011, la organización Palestinian Media Watch (PMW) empezó a apremiar a los donantes occidentales de la AP con el fin de esclarecer si realmente querían que se destinara el dinero de los contribuyentes a pagar sueldos a terroristas suicidas. Resultó que la respuesta fue un sí: los Gobiernos occidentales, casi sin excepciones, se negaron a cancelar sus donaciones a la AP por tal motivo. Pero gracias a la presión de un puñado de periodistas y legisladores acabaron decidiendo que necesitaban un fórmula para seguir haciendo donaciones sin que se notara que iban dirigidas a pagar asesinos y salvar así la cara. La AP la proporcionó con diligencia. En 2014 anunció que ya no pagaría dichos salarios; en su lugar, lo haría la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Como los donantes occidentales dan dinero a la AP y no a la OLP, ya no se verían implicados.

Esta fue siempre una ficción transparente. Ambas organizaciones están dirigidas por el presidente de la AP, Mahmud Abás, y controladas por su facción de Fatah, y el dinero fluye libremente entre ellas. Pero la infatigable PMW lo demostró enseguida de manera irrefutable. En enero de 2015, por ejemplo, el Ministerio de Economía anunció que en su presupuesto anual había una partida para pagar estos salarios. Además, cuando Israel dejó a principios de ese mismo año de transferir impuestos a la AP a causa de una pugna ajena al asunto, ésta anunció que, por falta de liquidez, recortaría los salarios de los presos. Eso no habría sido necesario si efectivamente la OLP hubiese estado pagando esos salarios de sus propios fondos, ya que la OLP no recibe ningún dinero de Israel, para empezar.

Nada de esto molestó a los Gobiernos occidentales. Siguieron actuando como si la AP hubiese dejado realmente de pagar esos salarios, y la Administración Obama no fue una excepción. Pero sí molestó a los legisladores estadounidenses. Recientemente el Subcomité de Estado, Operaciones Extranjeras y Programas Relacionados aprobó una modificación de la Ley de Apropiaciones Extranjeras del próximo año. La modificación estipula que se recorte la ayuda a la AP “por valor de una cantidad que el secretario [de Estado] determine equivalente a la destinada por la Autoridad Palestina y la Organización por la Liberación de Palestina, y cualquier sucesora u organización afiliada, a pagar actos terroristas llevados a cabo por personas encarceladas tras haber recibido un juicio justo por sus actos terroristas o por personas que hayan muerto cometiendo actos terroristas durante el último año natural”.

La Cámara de Representantes aprobó una versión ligeramente distinta, que también menciona a la OLP pero no incluye la frase “y cualquiera sucesor u organización afiliada”. El senador Dan Coats (representante por Indiana), que llevó la frase al Senado, declaró al Jerusalem Post que intentaría convencer también a la Cámara para que la adopte, y que sus colegas debían hacerle caso. Como dijo correctamente, no se ha previsto la posibilidad de que la AP elabore simplemente otra artimaña para salvar la cara, que sin duda el Departamento de Estado aceptará, como aceptó el cuento de la OLP.

Coats dice que entiende la preocupación por que el recorte de las ayudas pueda desestabilizar a la AP, pero cree que “hay un problema moral que trasciende a esa preocupación”. Y tiene razón: es inmoral que Estados Unidos financie el terrorismo.

Para más inri, EEUU siempre ha deducido el coste de la construcción en asentamientos de las garantías de crédito a Israel. Así que, según la actual política del Gobierno de EEUU, la construcción en los asentamientos es un crimen mucho más grave que cometer asesinatos masivos. Al margen de la opinión que se tenga sobre los asentamientos, es una atrocidad moral.

Coats también ha apelado a Israel. “No entiendo cómo los israelíes pueden aceptar esta práctica alegando que es para mantener la estabilidad de ese Gobierno [el de la AP]”, dijo, refiriéndose presumiblemente al hecho de que Israel no deduzca el coste de esos salarios de sus transferencias de impuestos a la AP.

Sin duda, el caso israelí es más complicado, porque, a diferencia de las ayudas de EEUU, esas transferencias de impuestos no son donaciones; son impuestos palestinos sobre la actividad palestina que Israel recauda en nombre de la AP. Sin embargo, al transferir ese dinero Israel es cómplice en lo de incentivar el asesinato de sus propios ciudadanos y, por lo tanto, es probable que esté infringiendo sus propias leyes contra la financiación del terrorismo. Hace mucho tiempo que debió dejar de hacerlo. Israel debería deducir una cantidad mensual equivalente a la de esos salarios y utilizarla para pagar deudas palestinas que vencieron hace mucho contraídas con las empresas israelíes (como los 1.700 millones de shékels que deben a la Compañía Eléctrica de Israel).

Por último, los funcionarios estadounidenses e israelíes deberían presionar a los Gobiernos europeos en relación con este asunto. Un buen lugar para empezar sería Gran Bretaña, donde justo este mes un informe independiente encargado por el Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID) concluía que, al facilitar que la AP pague salarios a los terroristas, los británicos han ayudando a la AP “a elevar la probabilidad” de actos terroristas contra Israel. El DFID desestimó el informe, como era de prever, pero sí causó revuelo en el Parlamento.

Esa financiación, al facilitar el terrorismo, también contradice el objetivo declarado de Occidente de promover la paz entre israelíes y palestinos, ya que el terrorismo palestino no hace más que convencer a los israelíes sobre la mala idea que sería ceder la Margen Occidental. Pero es que, aunque no fuera el caso, hace mucho tiempo que Occidente debió dejar de incentivar el asesinato de los israelíes mediante su ayuda extranjera. Como dijo Coats, algunas cosas son demasiado inmorales como para ser toleradas.

© Versión original (inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio


Nota: una vez publicado este artículo, Israel anunció que empezará a deducir de las transferencias de impuestos a la AP los salarios abonados a los terroristas.