Contextos

Bárbaros a las puertas de Jordania

Por Clifford D. May 

Jordania, montañas, ejército.
"El Líder Supremo, Alí Jamenei, está decidido imponer la hegemonía de Irán en Oriente Medio, empezando por Irak (al menos en sus regiones chiitas, donde, debido en gran parte al sectarismo del primer ministro Nuri al Maliki, el chiismo ha arraigado más que nunca), Siria (gobernado por Bashar al Asad, sátrapa leal a Jamenei) y el Líbano (dominado por Hezbolá, la legión extranjera terrorista de Irán). Antes o después este neoimperio persa será una amenaza para Arabia Saudí, para los pequeños pero extraordinariamente ricos Estados árabes del Golfo Pérsico y, por supuesto, para Jordania e Israel""El rey, descendiente directo del profeta Mahoma, cree que es posible desarrollar un 'Estado islámico moderno' cuya misión no sería liquidar a infieles y apóstatas, sino garantizar 'el imperio de la ley, la justicia y la libertad de culto y opinión' y defender 'la igualdad de los distintos grupos étnicos y religiosos'"

El grupo terrorista anteriormente conocido como EIIL ha conquistado aproximadamente un tercio de Siria y gran parte del oeste de Irak. ¿Cuál será el siguiente paso que den los yihadistas? Asumiendo que no van a ir a Disneylandia –aunque, créanme, eso figura alto en su lista–, parece más que factible que su destino sea Bagdad. Ahora bien, no parece que la capital, de mayoría chiita, vaya a caer tan fácilmente como lo hicieron ciudades sunitas como Mosul. Sea como fuere, la pregunta es si estos guerreros volverán su vista letal hacia Jordania.

“Soy muy consciente de que esa especulación”, nos comenta un veterano funcionario del Gobierno jordano a un colega y a mí. Al igual que sucede con otra gente, se siente más tranquilo si no revelamos su identidad. Nos dice que el EIIL, el Estado Islámico de Irak y Al Sham (término árabe para un Levante que incluye Jordania), que ahora ha decidido llamarse simplemente Estado Islámico, “no es un problema para el Ejército jordano. No me preocupa. No a corto plazo, al menos”.

Llama a un subordinado que trae un mapa y lo coloca sobre un caballete e indica las áreas de Irak que el Estado Islámico controla actualmente. Señala una larga franja desértica que el EI tendría que atravesar para alcanzar una población importante de Jordania. “Sabríamos con antelación que están viniendo”, subraya. “Nuestros oficiales y nuestras tropas tendrían tiempo para darse una ducha y desayunar antes de vestirse y prepararse para destruirlos”.

Pero si el EI es capaz de mantener el territorio que ha conquistado hasta el momento; explotar la riqueza que contiene, petróleo incluido; conservar sus aliados baazistas/sadamistas, que saben algo sobre autoridad e imponer orden, y desarrollar sus capacidades militares atrayendo voluntarios yihadistas desde todos los rincones del mundo, ¿no podría suponer un peligro para Jordania? “Sí, a medio y largo plazo sí me preocupa”.

Cuando le pregunto si Jordania está recibiendo el apoyo que necesita de Washington, responde que sí. Cuando le pregunto si Jordania está recibiendo el apoyo que necesita de Israel, contesta sin evasivas que, si se trata de las amenazas habituales, los ejércitos y los servicios de inteligencia del reino hachemita y el Estado judío colaboran entre sí.

Entre las amenazas habituales, la más significativa no es el Estado Islámico sino la República Islámica. Irán está gobernado por un sofisticado régimen teocrático, rico en petróleo, que financia a grupos terroristas y que reconoce abiertamente estar desarrollando un programa nuclear multimillonario “sólo con fines pacíficos”. Pensémoslo sólo un segundo: si Irán lo único que pretende es producir electricidad, ¿por qué sus instalaciones nucleares están emplazadas entre las montañas? ¿Por qué está trabajando en el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales que pueden alcanzar Estados Unidos?

Las armas nucleares son un medio para alcanzar un fin. El Líder Supremo, Alí Jamenei, está decidido imponer la hegemonía de Irán en Oriente Medio, empezando por Irak (al menos en sus regiones chiitas, donde, debido en gran parte al sectarismo del primer ministro Nuri al Maliki, el chiismo ha arraigado más que nunca), Siria (gobernado por Bashar al Asad, sátrapa leal a Jamenei) y el Líbano (dominado por Hezbolá, la legión extranjera terrorista de Irán). Antes o después este neoimperio persa será una amenaza para Arabia Saudí, para los pequeños pero extraordinariamente ricos Estados árabes del Golfo Pérsico y, por supuesto, para Jordania e Israel.

Esto es lo que el funcionario con el que hablé aconsejaría a los americanos que tratan de encontrar una solución diplomática por la que Teherán renuncie a su programa de armamento nuclear a cambio de rebajar las sanciones económicas:

Recuerden que la gran prioridad de los gobernantes de Irán es mantenerse en el poder.

Otros funcionarios jordanos abundan sobre estas cuestiones. Uno nos pregunta si es verdad que en Estados Unidos hay quienes conciben a Irán como una “fuerza estabilizadora” con la que América se puede aliar contra el Estado Islámico y otros grupos yihadistas suníes de la región. Le respondemos que hay quienes dicen al Gobierno de Obama que es posible y deseable un acercamiento a Irán. El jordano queda fascinado ante semejante simplicidad e ignorancia.

¿Y qué hay de quienes apoyan el yihadismo dentro de Jordania? En 2005, terroristas suicidas vinculados a Al Qaeda mataron a docenas de personas en Amán. Más recientemente ha habido manifestaciones en apoyo del EI en Maán, una ciudad empobrecida de la zona desértica del sur.

Nos comentan que sólo una pequeña minoría de jordanos simpatiza con los yihadistas, y que son todavía menos los que están dispuestos a matar y morir por la causa. La mayoría de los jordanos, dicen, no desean atraer a sus barrios las masacres y la miseria que han sufrido tantas personas en Siria e Irak.

Cientos de miles de refugiados de esos conflictos han entrado en Jordania. Su primera parada son los campos que se extienden a lo largo de la frontera norte del reino. Decenas de miles se han asentado ya en las ciudades y los pueblos jordanos. La mayoría se considera en deuda con el rey Abdalá por proporcionarles un refugio en el que están a salvo.

El rey, descendiente directo del profeta Mahoma, cree que es posible desarrollar un “Estado islámico moderno” cuya misión no sería liquidar a infieles y apóstatas, sino garantizar “el imperio de la ley, la justicia y la libertad de culto y opinión” y defender “la igualdad de los distintos grupos étnicos y religiosos”. El progreso hacia esta meta sería, en el mejor de los escenarios posibles, como mínimo lento. Y obviamente no estamos en ese escenario.

Nuestros anfitriones jordanos subrayan que se sienten seguros, aunque no les agradan los desafíos a los que parecen tener que enfrentarse. Reconocen que hay en marcha cambios de profundo calado en Oriente Medio y que los bárbaros son cada vez más fuertes. Al igual que sus vecinos israelíes, que los apoyan en silencio, entienden perfectamente que rara vez se ganan las guerras esperando a que el rival se canse. Demasiados líderes occidentales no lo han comprendido todavía.

Foundation for Defense of Democracies