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'El atentado': sin respuesta

Por Eli Cohen 

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"'El atentado' es un cómic que atrapa. Acompañamos a Amín Jaafari en la odisea que vivirá por conocer las razones que llevaron a su mujer a hacerse explotar en un restaurante con el objetivo de asesinar a todos los que estuvieran dentro, sin distinción alguna: mujeres, niños, ancianos, trabajadores, judíos, musulmanes, cristianos…"

Tel Aviv. Hora del almuerzo. El día de verano está limpio, sin nubes; el sol irradia su calor habitual, sin conceder tregua alguna. De pronto, el hospital de Ijilov, situado en el centro, tiembla. El suelo se tambalea. En un restaurante cercano, alguien ha activado la carga explosiva que llevaba en el torso y explotando en mil pedazos, segando la vida de 19 personas e hiriendo un número en un primer momento indeterminado. El personal del hospital, que observa la columna de humo dejada por el kamikaze, se prepara rápidamente para recibir a los heridos y tratar de salvar todas las vidas posibles.

Entre los médicos de Ijilov que trabajan a ritmo frenético está el cirujano árabe Amín Jaafari, que además de residir en Tel Aviv es ciudadano israelí. Mientras se desvive con cada camilla que sale de las ambulancias, Jaafari no sabe que el ataque terrorista que acaba de tener lugar cambiará su vida para siempre: en unas horas la Policía vendrá a contarle que su mujer está entre los fallecidos en el restaurante; y no como víctima, sino como asesina.

Así comienza una historia que intenta delinear todas las variables que confluyen en el conflicto entre israelíes y palestinos, pero no lo consigue.

El atentado es una novela del argelino Yasmina Khadra, posteriormente llevada al cine por el libanés Ziad Doueiri. Ahora, los franceses Loïc Dauvillier y Glen Chapron han adaptado este triste y desesperanzador relato al cómic.

De ilustraciones sencillas de trazo realista, El atentado es un cómic que atrapa. Acompañamos a Amín Jaafari en la odisea que vivirá por conocer las razones que llevaron a su mujer a hacerse explotar en un restaurante con el objetivo de asesinar a todos los que estuvieran dentro, sin distinción alguna: mujeres, niños, ancianos, trabajadores, judíos, musulmanes, cristianos…

Ambientado en la Segunda Intifada, cuando en Israel subir a un autobús o entrar en una cafetería suponía jugarse la vida, Jaafari emprende un peligroso viaje para encontrar a los que adoctrinaron a su mujer y consiguieron que se convirtiera en una mártir. Así, viaja primero a Belén, y luego a Yenín; habla con líderes religiosos, militantes, palestinos de a pie e incluso colonos judíos. Como árabe que vive cómodamente gracias a su ciudadanía israelí, para los palestinos es un traidor, un vendido que mira hacia otro lado cuando su pueblo sufre; para la mayoría de los israelíes es un quintacolumnista, el marido de una terrorista que ha asesinado a dos decenas de inocentes. Jaafari estará indudablemente en una mala situación, y su vida correrá peligro por ello. Pero en su viaje encontrará algo de esperanza en ambos bandos.

La descripción del entorno y de las sensaciones son simples, con poco colorido pero con una carga elevada de dramatismo. El dibujo de Dauvillier y Chapron hace justicia a las calles de Tel Aviv o a las casas destruidas de Yenín: están representados en su justa medida, sin ninguna alteración distorsionadora. Pero, como muchas obras de ficción que tratan el conflicto entre israelíes y palestinos, El atentado no intenta ser equidistante. Tampoco parece decantarse al cien por cien por ninguna de las partes. Simplemente, a través de los ojos de Jaafari, vemos a dos pueblos que, siendo vecinos, han entrado en una espiral de odio y violencia que parece interminable.

En este sentido, el hilo conductor El atentado es la respuesta a la desconcertante pregunta que se hace el mismo Jafari: ¿cómo puede uno cargarse de explosivos e inmolarse en medio de una multitud? El famoso crítico Michael O’Sullivan, del Washington Post, al reseñar la película, teorizó sobre la falta de respuesta: es una pregunta que probablemente no se pueda responder a la satisfacción de nadie.

El conflicto está salpicado de incontables dramas. Uno de ellos es la forma que adoptó la lucha armada palestina durante los plomizos años de la Segunda Intifada. Los islamistas de Hamás y de la Yihad Islámica contestarán que el martirio es una de las formas más puras de sacrificio en la guerra contra los infieles; las Brigadas de los Mártires del Al Aqsa, ligadas a la laica Al Fatah, dirán más de lo mismo, añadiendo un poco de nacionalismo palestino. Sin embargo, no existe justificación alguna al acto de inmolarse en un sitio repleto de civiles. No existe una razón, una causa, un sufrimiento que dé sustento a semejante crimen.

La explicación que da El atentado tampoco nos es suficiente. ¿Inmolarse por una patria? Si algo así lo hiciera cualquier movimiento nacionalista europeo, la deslegitimación de su lucha sería instantánea.

En resumidas cuentas, El atentado es un cómic emocionante, crudamente realista y justo en sus planteamientos. No obstante, no da respuesta a la gran pregunta que plantea.

Löic Dauvillier y Glen Chapron, El Atentado, Alianza, Madrid, 2015, 160 páginas.