Contextos

Así juega Irán con la vida de sus presos de conciencia

Por Pablo Molina 

EvinHouseofDetention
"La negación de los tratamientos necesarios, sobre todo en casos críticos, es utilizada por las autoridades iraníes como un método de tortura para lograr confesiones o practicar escarmientos"

El régimen de Teherán está jugando con la vida de los presos de conciencia al negarles la atención médica que requieren cuando padecen graves problemas de salud. De hecho, la negación de los tratamientos necesarios, sobre todo en casos críticos, es utilizada por las autoridades iraníes como un método de tortura para lograr confesiones o practicar escarmientos. Son las principales conclusiones del último informe de Amnistía Internacional (AI), titulado “La salud secuestrada: negación cruel de cuidados médicos en las cárceles de Irán”.

El documento recoge 18 casos bien documentados de reclusos a los que se ha negado la asistencia médica, lo que ha perjudicado notablemente su salud o incluso amenazado su vida. Así resume la situación Philip Luther, director del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de la referida ONG:

En Irán es habitual que la salud de los presos esté secuestrada por la autoridades, que hacen imprudentemente caso omiso de sus necesidades médicas. Negar atención médica a presos políticos es un acto cruel y absolutamente injustificable.

Medicinas a cambio de confesiones

El documento recoge, entre otros, el caso de Zeinab Jalalian, condenada a cadena perpetua por pertenecer a un grupo opositor kurdo, que está a punto de quedarse ciega por falta de atención médica. Sus familiares aseguran que sus problemas de ceguera vienen originados por los traumatismos craneoencefálicos sufridos por Jalalaian durante los interrogatorios a los que es sometida. En estos momentos necesita una operación urgente para no perder la visión definitivamente, pero las autoridades se niegan hasta que no haga determinadas confesiones.

Otro caso famoso es el de Omid Kokabi, un físico de 33 años que cumple diez de condena por negarse a trabajar en el programa militar iraní. Durante sus primeros cinco años en la cárcel se quejó de problemas renales, pero las autoridades se negaron reiteradamente a atenderlo, hasta que su gravedad les obligó a autorizar una revisión médica. Kokabi padecía un cáncer de riñón avanzado, por lo que tuvieron que extirparle de urgencia el riñón derecho.

El informe pone de manifiesto los problemas adicionales a los que se enfrenta la población reclusa femenina a la hora de recibir atención sanitaria, especialmente en la prisión de Evin, en Teherán. Allí, todos los miembros del equipo médico y de enfermería son hombres, y con frecuencia se niegan a atender a las reclusas aduciendo prescripciones religiosas.

Luther se refiere así a la responsabilidad del Gobierno iraní:

Condicionar la atención médica a que se haga una declaración de ‘arrepentimiento’ o una ‘confesión’ no sólo es una forma vergonzosa de aprovecharse de la salud de la persona presa, sino que constituye también un claro incumplimiento de la prohibición absoluta de la tortura y otros malos tratos.

Amnistía apunta a la Fiscalía como principal responsable de la situación de los presos de conciencia en Irán, pues en el sistema judicial iraní son los fiscales los que deciden sobre el régimen penitenciario de los reos, sin necesidad de supervisión de los tribunales. 

Además, varios presos entrevistados por AI acusan a los médicos de las penitenciarías de actuar en connivencia con los fiscales para someter a los reclusos a castigos adicionales que contravienen la propia legislación iraní, sin que las autoridades hagan nada por evitarlo.

La organización humanitaria internacional ha hecho llegar a las autoridades iraníes una copia de este informe para darles la posibilidad de presentar las objeciones que consideren oportunas. El silencio ha sido la respuesta.