Revista de Prensa

Asad y los ayatolás iraníes quieren vaciar de suníes el Creciente Fértil

 

Bandera de Siria con una mano teñida de rojo estampada.

Eyal Zisser, vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, denuncia que, en Siria e Irak, Bashar al Asad y sus aliados chiíes de Irán están perpetrando una auténtica limpieza étnica ante la aquiescencia o la indiferencia de la comunidad internacional.

La guerra más interesante es la que están llevando a cabo los chiíes en Irak y el régimen sirio del presidente Bashar al Asad contra los árabes suníes en la Creciente Fértil. De hecho, las masas de refugiados que salen de Mosul prueban que la campaña para recuperar la ciudad no es más que otro paso en el camino para limpiar el área entera de población suní.

(…)

Casi 8 millones de árabes suníes han dejado Siria y encontrado refugio en Jordania, Líbano y Turquía. Pero esto no ha acabado. (…) la semana pasada, Asad se comprometió a limpiar Alepo de terroristas, y después todo el norte de Siria. Traducción: acabará con los entre dos y tres millones de suníes que viven en esa zona (…). Y la batalla por Mosul, que llevará a los chiíes a controlar la zona noroccidental de Irak, lanzará a más millones de refugiados suníes de Irak hacia Turquía.

Así es como se está solucionando el problema del terrorismo del Estado Islámico, junto con la cuestión de la inestabilidad en Irak y Siria. No habrá árabes suníes ni nadie que se oponga al régimen de Asad o al liderazgo chií en Bagdad. Esto es una limpieza étnica, aunque nadie la llame así, perpetrada bajo los auspicios de la comunidad internacional.

Es la pregunta que se hace Michael Singh en este artículo, en el que asegura que, puesto que Ankara está buscando nuevos socios en la arena internacional, no son Rusia ni Irán los que le ofrecen mejores perspectivas, sino China. Por esta razón, Singh estima que, en respuesta, EEUU debería reforzar sus propios lazos con Turquía.

EEUU no debería contemplar la expansión de las relaciones sino-turcas como una amenaza por sí misma. De hecho, Washington tiene razones para verla con buenos ojos, si sirve para disminuir la capacidad de Turquía de poner a los funcionarios chinos y estadounidenses unos contra otros y contribuye a la prosperidad económica turca. EEUU y China pueden llegar incluso a colaborar a este respecto, en la medida en que pueden llevar mensajes comunes a Ankara acerca, por ejemplo, de la necesidad de evitar el apoyo a grupos extremistas y acabar con los movimientos de combatientes extranjeros.

Al mismo tiempo, Washington no debería ser complaciente, no sea que Turquía y China reciban el mensaje de que el compromiso de EEUU con la región es oscilante. Dado que Turquía es vital para numerosos objetivos americanos –estabilizar Siria e Irak, contrarrestar a Irán, derrotar al Estado Islámico y Al Qaeda y garantizar la seguridad en Europa, entre otros–, los funcionarios estadounidenses no pueden permitirse el lujo de bajar los brazos y alejarse de Erdogan, por más frustrados que estén con él. La influencia americana en Ankara –y en Pekín, en la medida en que los intereses chinos se vean afectados por los acontecimientos de Oriente Medio– será mayor si EEUU y Turquía son aliados y son percibidos claramente como tales.

El ministro de Defensa israelí ha concedido una sonada entrevista al diario palestino Al Quds. Noam Amir es uno de los analistas que están comentándola en la prensa israelí.

Si alguien le hubiera dicho a Lieberman hace seis meses que aceptaría la loca idea de que los palestinos de Gaza tuvieran un puerto y un aeropuerto, se hubiera reído en su cara. Sin embargo, el Liberman de hoy no sólo es más moderado: es más astuto. El ministro ve que, desde su despacho de la planta decimoquinta del cuartel general militar de Kiriya, en Tel Aviv, Gaza tiene un aspecto diferente. Es como un gran dolor de cabeza, con el riesgo de que una mala gestión lo convierta en una migraña que nadie querría experimentar.

Y sucede que el hombre que una vez juró acabar con Hamás en dos días ahora permite la entrada diaria de entre 800 y 1000 camiones a Gaza. Lieberman ha aprendido en seis meses que una Gaza reconstruida es mejor para Israel que una Gaza armándose y cavando túneles, y por lo tanto ha girado directamente hacia el pueblo. En las redes sociales, la entrevista corrió como la pólvora y apenas había palestinos que no comentaran las declaraciones del ministro israelí de Defensa. Eso es exactamente lo que Lieberman quería.