Revista de Prensa

Asad ha seguido usando armas químicas. ¿Y ahora qué?

 

El dictador sirio, Bashar al Asad.

La Casa Blanca aseguró hace casi dos años que, gracias a su acuerdo con Rusia, todo el arsenal químico del dictador sirio había sido eliminado. Sin embargo, hay serios indicios de que Asad ha seguido utilizando armamento prohibido. Elliot Abrams, del Council for Foreign Relations, se pregunta qué hará ahora Obama.

La pregunta cae por su propio peso: ¿qué planean Obama y Kerry hacer al respecto? Esta utilización de gas sarín, si se confirma, desmiente la afirmación de que todas las armas químicas y gases venenosos fueron retirados y nos recuerda, una vez más, el fiasco de la “línea roja”. La lección que enseña a los enemigos y aliados por igual es que las amenazas y promesas del presidente no deben tomarse demasiado en serio. Peor aún: por supuesto, la lección para otros regímenes puede ser que el uso de armas químicas es posible y no será castigado. Esto también puede llegar a ser parte del legado de Obama en política exterior.

Efraín Inbar, director del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, recoge en esta pieza las tres principales disyuntivas a las que se enfrenta el Estado judío a la hora de definir una estrategia que ponga fin al conflicto con los palestinos.

El primer dilema es admitir o no que Israel ya no cree que las negociaciones puedan llevar a un acuerdo duradero en el corto plazo.

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Un segundo dilema está relacionado con la táctica del palo y la zanahoria (…). En ausencia de negociaciones significativas, Israel, y particularmente su primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha abogado por la promoción de la ‘paz económica’ (…), bajo la premisa de que Israel no tiene nada que ganar con vecinos enfadados. Por eso Israel no se opone al apoyo financiero internacional a la Autoridad Palestina, a pesar de su corrupción e ineficiencia. Jerusalén también proporciona agua y electricidad a la Autoridad Palestina y a Gaza, gobernada por Hamás, para que los vecinos de Israel no se hundan en la total desesperación.

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Un tercer dilema (…) es qué hacer con la hostil Autoridad Palestina, que sobrevive mayormente por las medidas de seguridad y el respaldo económico de Israel. El colapso de la Autoridad Palestina es un resultado posible de una lucha por la sucesión cuando Mahmud Abás deje la arena política.

Enmanuel Ottolenghi, de la Foundation for Defense of Democracies, se refiere en este artículo a la presencia activa en Brasil y otros países de la zona de enviados de la organización terrorista libanesa de obediencia iraní, que ejercen un poderoso influjo sobre todo tipo de entidades y organizaciones.

El Departamento de Estado afirmó recientemente que la influencia de Irán en Latinoamérica y la cuenca del Caribe se estaba desvaneciendo a causa de la parálisis comercial y [se refflejaba en] un notable descenso de las visitas oficiales iraníes de alto nivel desde que el presidente Ruhaní sucedió a Mahmud Ahmadineyad.

La influencia iraní, sin embargo, no debe ser medida por el número de visitas presidenciales a las capitales de la región. Es el trabajo proselitista del día a día, desarrollado por emisarios religiosos, lo que ejerce constantemente influencia transmitiendo mensajes antiamericanos y de odio a Israel.

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¿Qué puede hacer el Gobierno estadounidense para contrarrestar esas actividades? En última instancia, corresponde a los Gobiernos regionales reconocer la amenaza que supone la radicalización de sus poblaciones por parte de una potencia extranjero. Pero se daría un paso importante si la Administración estadounidense reconociera que Irán está intoxicando a miles de mentes cautivas. Después de todo, los objetivos (…) del adoctrinamiento antiamericano de Irán podrían un día llevar a la conclusión lógica de que atacar al “Gran Satán” no es más que la voluntad de Dios.