Contextos

Armas rusas para Al Asad

Por Jesús M. Pérez 

Vladímir Putin, presidente de Rusia.
"Durante el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, celebrado el pasado mes de junio, el presidente Putin reafirmó su apoyo al régimen sirio y rechazó cualquier intervención externa para poner fin al conflicto. De hecho, amenazó semanas después con una respuesta rusa ante un hipotética intervención occidental en Siria para derrocar a Bashar al Asad. Sin duda, aparte de los contratos militares, hay otras muchas razones a considerar para entender el apoyo ruso al régimen sirio"

En la mañana del 11 de julio de 2011, una explosión sacudió brutalmente la base naval Evangelos Florakis, en la costa meridional de Chipre. No hubo edificación en la cercana localidad de Zygi que no quedara afectada y la central eléctrica de Vasilikos, que está justo al lado de la base, quedó profundamente dañada. Se calcula que la explosión fue equivalente a la detonación de una bomba atómica de un kilotón y que las pérdidas fueron equivalentes a más del 10% de la economía del país. Una hora y media antes de la explosión había comenzado un incendio en un recinto de la base donde se guardaban 98 contenedores con munición, pólvora, espoletas y otros materiales militares. La explosión sucedió mientras el comandante de la armada chipriota y el comandante de la base supervisaban los trabajos de extinción. Murieron junto con once bomberos y marineros. Todo aquel material procedía del buque Monchegorsk, que la armada estadounidense había interceptado en el Mar Rojo en 2009 ante la sospecha de que se estaba saltando el embargo a las exportaciones iraníes de armas que decretaba la Resolución 1747 de Naciones Unidas. El Monchegorsk fue llevado al puerto chipriota de Limasol, en la presunción de que su carga iba destinada a organizaciones palestinas, pero una inspección de las autoridades chipriotas reveló que el destino de la carga era Siria.

Rusia e Irán forman los vértices principales de operaciones triangulares que suministran armas al régimen de Bashar al Asad y a Hamás. Así, en abril de 2011 se constató que la organización palestina disponía de los avanzados misiles anticarro de diseño ruso 9M133 Kornet cuando un autobús escolar israelí fue atacado a las afueras del kibutz Saad. Murió un estudiante de 16 años, Daniel Viflic. El misil Kornet fue profusamente usado por Hezbolá en la guerra de julio de 2006. Las tropas israelíes llegaron en aquel entonces a capturar en Líbano cajas de Kornet rotuladas con el destino y el destinatario originales: Damasco y el Ministerio de Defensa sirio. Además, Irán lo produce localmente bajo el nombre Dehlavie. Más rocambolesca es aún la historia de los Kornet que Siria entregó a Corea del Norte para que, mediante ingeniería inversa, desarrollara su propia versión sin licencia rusa. Conviene recordar que Corea del Norte es un proveedor de armas de Hamás, y ya está documentada la presencia en la Franja de Gaza del misil Bulsae 2, la versión norcoreana del 9M111 Fagot ruso.

Siria fue tradicionalmente, con Argelia, Libia e Irak, uno de los grandes clientes dentro del mundo árabe de la industria soviética de armamento. Tras el fin de la Guerra Fría, tanto Irak como Libia estuvieron sometidas a embargos internacionales de ventas de armas, lo que privó a Rusia de importantes clientes. La renuncia de Gadafi a poseer y desarrollar armas de destrucción masiva llevó a que se levantara el embargo internacional a Trípoli y se le abrieran las puertas de los mercados internacionales. Pero después de que se anticiparan grandes contratos de compra de armas rusas cayó el régimen libio. Según dijo entonces Anatoly Isaikin, presidente de la agencia exportadora rusa de armamento, se esfumaron contratos por 4.000 millones de dólares. Así se entiende el poderoso incentivo para evitar que caiga el régimen de Bashar al Asad que suponen para Moscú los contratos de venta de armamento a Siria por valor de 4.000 millones de dólares (con opciones por 2.000 millones más) firmados antes del estallido de la guerra civil. Siria se convirtió de hecho en uno de los cinco grandes clientes de la industria militar rusa, y desde el comienzo de la guerra civil han llegado al país árabe desde armas ligeras a misiles avanzados.

Moscú ha justificado la entrega de armas al régimen sirio después del inicio de la guerra civil afirmando que se limita a honrar acuerdos firmados previamente. Pero, a pesar de la estricta legalidad que alega, ha armado una red bastante compleja y opaca de empresas intermediarias, navieras, consignatarias, empresas de transporte, etc. para hacer llegar armas a Siria. Por ejemplo, los buques con armas rusas con destino a Siria suelen apagar la baliza del sistema de geoposicionamiento AIS cuando navegan por el Mediterráneo Oriental. Aun así, Tom Wallace y Farley Mesko, dos investigadores de la organización C4ADS, consiguieron, empleando únicamente fuentes abiertas, trazar el mapa de una enorme red de exportación de armas rusas, identificando bastantes nodos cercanos al Kremlin y al Gobierno ucraniano anterior a la revueltas de la Plaza Maidán. Un hecho relevante es que, a pesar de que muchas armas tenían origen en Rusia, se usaban puertos ucranianos para su traslado al destino, y muchas de las empresas implicadas tenían sede en Ucraniaa. De ahí que Wallace y Mesko denominaran al entramado la Red Odesa. La explicación del papel ucraniano quizás esté en la importante dependencia de la industria de defensa rusa de proveedores ucranianos, que generó entonces intereses comunes. Uno de los barcos que cargaba armas de esa red con destino Siria, el Chariot, se refugió en Chipre durante una tormenta. Las autoridades chipriotas encontraron armamento en él pero lo dejaron marchar, no sin polémica, porque su destino oficial era Turquía.

Según avanzó la guerra en Siria, el Gobierno ruso encontró menos razones para esconder sus negocios con el régimen de Al Asad. En la primera mitad de 2013, Siria recibió una versión avanzada del ya de por sí potente misil antibuque ruso Yajont. Ese importante aumento de capacidades de Siria no pasó desapercibido y los depósitos militares que los albergaban cerca de puerto de Latakia fueron atacados el 5 de julio, supuestamente en un bombardeo de la fuerza aérea israelí, o en un ataque con misiles lanzados desde submarinos de la armada israelí. También se firmaron contratos para la venta de 12 cazabombarderos MiG-29M2 y 36 entrenadores avanzados Yak-130, aunque la exigencia rusa de pagos por adelantado refleja una perspectiva más cauta de Moscú sobre la supervivencia del régimen de Asad.

Durante el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, celebrado el pasado mes de junio, el presidente Putin reafirmó su apoyo al régimen sirio y rechazó cualquier intervención externa para poner fin al conflicto. De hecho, amenazó semanas después con una respuesta rusa ante un hipotética intervención occidental en Siria para derrocar a Bashar al Asad. Sin duda, aparte de los contratos militares, hay otras muchas razones a considerar para entender el apoyo ruso al régimen sirio. La caída del régimen de Al Asad tendría consecuencias negativas para Rusia. Se reduciría su influencia en la región, al perder un aliado más, mientras que Irán quedaría aislado en Oriente Medio, con mucha menos capacidad de influir en el Líbano. No obstante, no conviene ignorar los importantes intereses creados en un conflicto mucho más internacionalizado de lo que piensa la opinión pública occidental.