Contextos

Armas químicas en Siria: Obama y su 'línea roja'

Por Lee Smith 

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
"Ahora que Asad ha cruzado una de las líneas rojas de Obama, ¿se endurecerá la política de la Administración hacia Siria? No cuenten con ello""La Casa Blanca mantiene que Obama no quiere cometer un error como el de Bush, que invadió Irak basándose en información deficiente""Putin me tenía las manos atadas en la ONU, podrá explicar Obama. Y ya conocen a esos rusos. Qué cinismo"

La Administración Obama cree ahora que el presidente sirio, Bashar al Asad, puede haber empleado armas químicas. El pasado día 25 la Casa Blanca publicó una carta en la que se explicaba que los servicios de inteligencia americanos consideran, “con diversos grados de fiabilidad”, que el régimen sirio ha utilizado “armas químicas a pequeña escala (…), especialmente el agente químico sarín”.

Ahora que Asad ha cruzado una de las líneas rojas de Obama, ¿se endurecerá la política de la Administración hacia Siria? No cuenten con ello. El verano pasado, el presidente anunció que el empleo de armamento químico “modificaría sustancialmente” sus cálculos. El Reino Unido, Francia e Israel han informado en las últimas dos semanas de que el dirigente sirio habría usado esa clase de armas en una fecha tan reciente como marzo, probablemente en más de una ocasión. Pero Washington aún requería más pruebas.

“Las sospechas son una cosa; las evidencias, otra”, dijo el otro día el secretario de Defensa, Chuck Hagel, acerca de los informes presentados por los servicios de seguridad de diversos aliados de EEUU. Varios miembros de la Administración creyeron ya con anterioridad, en diciembre, que los baazistas sirios habían empleado armas químicas contra sus adversarios, pero, una vez más, las autoridades no pudieron hallar pruebas concluyentes.

Es muy poco probable que Washington vaya ahora a encontrar pruebas lo suficientemente concluyentes, pues la Casa Blanca ha establecido sus condiciones de forma que sean prácticamente imposibles de cumplir. Evidentemente, porque no quiere tener nada que ver con el derrocamiento de Asad. En una conferencia del mismo día 25, un alto funcionario del Gobierno Obama explicó que la Casa Blanca estaba “presionando” para que se lleve a cabo “una exhaustiva investigación de la ONU” que pueda evaluar las pruebas “de forma verosímil”. Dicha investigación precisaría de “un acceso fehaciente para poder establecer exactamente lo ocurrido”, añadió.

En primer lugar, ya hay una investigación en curso sobre el uso de armas químicas por parte de Asad, pero el equipo de Naciones Unidas no puede obtener “acceso fehaciente” ni ningún acceso en absoluto, ya que Damasco no le permite entrar en el país. La unidad de investigación lleva “cruzada de brazos” en Chipre desde hace más de un mes. “Aún no hay acuerdo sobre la entrada”, explicó hace varias semanas un diplomático de la ONU. “Los inspectores no se desplegarán hasta que haya acuerdo respecto al acceso y otros protocolos ”. Es improbable que los investigadores lleguen a hacerlo, porque el presidente sirio no tiene motivo alguno para permitirles la entrada.

Pero eso no es problema, afirma la Casa Blanca. “Aun sin la investigación, ya estamos trabajando con la oposición siria, que nos puede ayudar a corroborar los informes y a recoger pruebas”, declaró su representante. La oposición proporcionará cuanta ayuda pueda, pero, como seguramente sabe el Gobierno, dicha colaboración no será considerada “verosímil”, ni por los aliados de Asad, como Rusia, ni por la propia Administración.

Washington cree que “cualquier uso de armas químicas en Siria procederá, muy probablemente, del régimen de Asad”. No obstante, el presidente sirio ha afirmado repetidamente que ha sido la oposición la que ha utilizado dicho armamento, de forma más reciente en marzo. Dado que los rebeldes tienen interés en falsear pruebas que puedan atraer a Estados Unidos a su bando, la Casa Blanca debe admitir que existe la posibilidad de que no fuera Asad. De hecho, no puede haber otro  motivo para la investigación salvo el hecho de que la Administración crea que dicha posibilidad existe, y esa es una opción que ya ha considerado anteriormente. Las advertencias de Obama respecto al empleo y traslado de armas químicas no iban dirigidas únicamente al tirano sirio, sino a las “fuerzas radicales” entre los opositores de Asad, las cuales podrían apoderarse de ese arsenal. ¿Quién dice que no fueron los rebeldes, o sus “fuerzas radicales”, quienes emplearon sarín en marzo, sólo para incriminar a Asad?

Para Washington, éste es precisamente el motivo por el que debemos llegar al fondo de lo acaecido en Siria con un equipo de la ONU desplegado sobre el terreno que tenga “acceso fehaciente”; incluso aunque Asad no conceda jamás tal acceso.

Cabe preguntarse qué necesidad tiene el Gobierno de una investigación de la ONU, si tres de nuestros aliados más próximos, así como nuestra inteligencia, han manifestado ya su creencia de que Asad ha empleado armas químicas. La Casa Blanca mantiene que es porque Obama no quiere cometer un error como el de Bush, que invadió Irak basándose en información deficiente. Aquello demostró, como declaró el funcionario gubernamental antes citado, que “los informes de inteligencia no bastan por sí solos”.

El hecho de que los rusos sigan insistiendo en esa misma cuestión –los estadounidenses quieren invadir Siria basándose en motivos falsos, como hicieron en Irak– sirve, en realidad, a los propósitos del Gobierno. Lo que parece pasar por alto el presidente Putin es que Obama no quiere tener nada que ver con Siria, y precisamente por eso está presionando a la ONU para que investigue. Francia y el Reino Unido, nuestros aliados más allegados en el Consejo de Seguridad, creen que Asad empleó gas sarín, Israel también lo piensa, y todos nuestros socios regionales, desde Turquía a los países del Golfo, desean que Estados Unidos derroque al líder sirio. La Casa Blanca cedió la investigación a las Naciones Unidas porque asume que Moscú jugará la misma baza que lleva jugando en Siria desde hace dos años: bloquear a los americanos y proteger a Asad.

Si Putin deseara verdaderamente herir a Obama, uniría su voz, con acento de la KGB, a las de los informes de inteligencia británicos, franceses, israelíes y estadounidenses, y vería cómo hundía en la vergüenza al presidente. Podría decirle: “Definitivamente, Asad empleó el sarín, y puede que algo aún peor. Señor Obama, ¿no era ésa su línea roja?”.

En vez de eso, Putin hará, como es habitual, de matón, de forma que, cuando en los próximos meses aliados y críticos domésticos se pregunten por qué Obama sigue sin hacer nada por derrocar a Asad (ni siquiera después de que parezca haber cruzado el límite establecido por su Gobierno con el empleo de armas químicas), el presidente podrá culpar de todo a Moscú. Putin me tenía las manos atadas en la ONU, podrá explicar Obama. Y ya conocen a esos rusos. Qué cinismo.

The Weekly Standard