Contextos

Arabia Saudí enfurece a Irán y sus aliados

Por David Andrew Weinberg 

Nimr al Nimr.
"EEUU debería apoyar los legítimos esfuerzos de Riad de combatir el terrorismo perpetrado por grupos como Al Qaeda, así como por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y sus aliados. Pero la continuada marginalización de los desafectos chiíes por parte del reino daña los intereses norteamericanos socavando la estabilidad en una región crítica"

Arabia Saudí anunció el sábado que ha ejecutado a la más prominente figura opositora de su minoría chií. El clérigo Nimr al Nimr abogaba por las protestas no violentas, y su hermano urgió a dar una respuesta “pacífica” a su muerte. Sin embargo, su ejecución puede desencadenar protestas en el reino que podrían derivar en una escalada de violencia, o inspirar ataques sectarios por parte de grupos terroristas chiíes en toda la región.

Nimr llevaba encarcelado desde 2012, y fue sentenciado a muerte en 2014, una sentencia que se dice llevó a al menos dos milicias bareiníes a perpetrar tiroteos y atentados con bomba. Los grupos prochiíes en Baréin e Irak habían culpado a EEUU por su detención y amenazado con ulteriores ataques si se llevaba a cabo su sentencia de muerte.

A raíz de las noticias sobre la ejecución de Nimr el pasado sábado, Irán y sus aliados regionales emitieron furiosas declaraciones de condena. Teherán advirtió al reino de que pagará “un alto precio” por su muerte, y en el Líbano Hezbolá clamó que tal decisión facilitará la “caída” de la monarquía. En la propia Arabia Saudí, un testigo informó de una manifestación en la ciudad oriental de Qatif en la que cientos de chiíes cantaron “¡Abajo con [la Casa de] Saúd”. En la ciudad iraní de Mashad, se informó de que manifestantes lanzaron bengalas contra el consulado saudí, saltaron la verja y echaron abajo la bandera.

La ejecución en masa del sábado fue la mayor perpetrada en Arabia Saudí desde 1980, y se produjo luego de que el año pasado el reino registrara su mayor número de penas capitales en dos décadas. La ejecución de Nimr fue decretada por el rey luego de que los más altos tribunales ratificaran la condena a muerte de 47 individuos, casi todos ellos ciudadanos saudíes. Las condenas se ejecutaron en 12 provincias; en ocho de ellas por decapitación y en las demás por fusilamiento (el método elegido para ajusticiar al clérigo no está claro). Entre tanto, el sobrino de Nimr sigue a la espera de ser ejecutado por participar en protestas contra el régimen.

Con la excepción de Nimr, se cree que muchos de los convictos ejecutados el sábado eran yihadistas que combatían para la rama saudí de Al Qaeda o para su sucesora yemení, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA). Entre ellos se contaba Fares al Shiwail, descrito como el principal guía espiritual de Al Qaeda en el país, que llevaba encarcelado cerca de una década.

Así las cosas, y además de una potencial represalia chií, Riad puede que deba preocuparse por una réplica de Al Qaeda. Luego de que los planes para una ejecución masiva se filtraran a la prensa en noviembre, AQPA amenazó con golpear “los cuellos de los gobernantes saudíes” y “derramar la sangre de sus soldados”. Según Reuters, el Estado Islámico ha asimismo amenazado con vengarse por las ejecuciones del sábado.

La ejecución masiva saudí pone a Washington en una difícil tesitura, dado que la muerte de Nimr parece más una represión autoritaria que una medida antiterrorista. De hecho, ya ha sido condenada por la Unión Europea, así como en una débil declaración del Departamento de Estado norteamericano, que se dice “particularmente preocupado” por la muerte del clérigo.

EEUU debería apoyar los legítimos esfuerzos de Riad de combatir el terrorismo perpetrado por grupos como Al Qaeda, así como por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y sus aliados. Pero la continuada marginalización de los desafectos chiíes por parte del reino daña los intereses norteamericanos socavando la estabilidad en una región crítica.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies.
© Versión en español: Revista El Medio