Contextos

Arabia Saudí, el Yemen y la politizada ONU

Por Richard Kemp 

Saudi Air Force
"Naciones Unidas tiene todo un historial a la hora de acusar de crímenes de guerra a las Fuerzas Armadas de Estados soberanos sin tener fundamento alguno para ello. Sin ir más lejos, el año pasado, sin contar con expertos militares, y sin visitar Gaza, una comisión de la ONU acusó a las Fuerzas de Defensa de Israel de atacar deliberadamente a civiles palestinos inocentes durante el conflicto de Gaza de 2014""Los huzis han aprendido mucho de Hamás y de la Yihad Islámica de Gaza, grupos que también son apoyados por Irán. Entre las cosas que han aprendido de ellos está la falsificación y distorsión de las cifras de víctimas civiles y las causas de sus muertes. La ONU se tragó por completo las falsas cifras de Gaza, y está cometiendo el mismo error con el Yemen""Lejos de atacar deliberadamente a los civiles, los saudíes y sus aliados han adoptado medidas dignas de mención para minimizar el número de muertes entre la población civil. Cabe señalar que han aprendido mucho de la forma en la que Israel llevó a cabo sus operaciones en Gaza. Ello ha incluido el empleo de municiones con sistemas de guiado para llevar a cabo ataques de precisión contra los insurgentes al tiempo que se busca reducir los daños colaterales"

Naciones Unidas, Amnistía Internacional y otros grupos han acusado a la coalición encabezada por Arabia Saudí de cometer crímenes de guerra en el Yemen. Según un informe filtrado de la ONU, la campaña de bombardeos contra los insurgentes huzis apoyados por Irán que pretenden derrocar violentamente al legítimo Gobierno yemení ha incluido ataques deliberados, sistemáticos y generalizados contra objetivos civiles.

Si lo que afirma Naciones Unidas es cierto y la coalición está matando de manera deliberada y desproporcionada a miles de civiles inocentes, entonces sí se trata de un crimen de guerra. Pero es poco probable que sea verdad; la ONU no ha presentado pruebas de dichos crímenes. Ninguna de sus afirmaciones se basa en investigaciones realizadas sobre el terreno. Sus expertos no han estado en el Yemen, y se han basado en testimonios y análisis de fotografías.

Naciones Unidas tiene todo un historial a la hora de acusar de crímenes de guerra a las Fuerzas Armadas de Estados soberanos sin tener fundamento alguno para ello. Sin ir más lejos, el año pasado, sin contar con expertos militares, y sin visitar Gaza, una comisión de la ONU acusó a las Fuerzas de Defensa de Israel de atacar deliberadamente a civiles palestinos inocentes durante el conflicto de Gaza de 2014. Fue un dictamen que rechazó tajantemente el oficial estadounidense de mayor rango, el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor.

Los hallazgos del propio Dempsey fueron confirmados por una comisión independiente compuesta por experimentados oficiales de alto rango y representantes de nueve países. El Grupo Militar de Alto Nivel descubrió que Israel no había cometido crímenes de guerra, sino que en realidad había establecido unos estándares tan elevados a la hora de evitar víctimas civiles que otras fuerzas armadas tendrían que esforzarse para estar a su altura.

Además, el pasado septiembre Naciones Unidas afirmó que un ataque aéreo estadounidense contra un hospital de Kunduz (Afganistán) “no tenía excusa” y era “probablemente un crimen de guerra”. Hay pocas fuerzas militares en todo el mundo que adopten más precauciones para evitar víctimas civiles en el campo de batalla que las de Estados Unidos. Cualquiera que haya estado en situación de combate sabe que, si bien incidentes de ese tipo resultan trágicos, cuando suceden como consecuencia de la acción de fuerzas occidentales es más probable que se deban a errores humanos o al fragor de la batalla que a deliberados crímenes de guerra.

Hay razones de sobra para creer que Naciones Unidas nos viene una vez más con el mismo cuento. No hay duda de que en el Yemen hay miles de personas que están muriendo en unas circunstancias terribles. Pero no podemos aceptar sin más las cifras de la ONU y la proporción de muertos atribuidos a la coalición saudí. La mayoría de los datos procede de los insurgentes huzis, directamente o a través de ONG, y se acepta tal cual como un hecho. Los huzis han aprendido mucho de Hamás y de la Yihad Islámica de Gaza, grupos que también son apoyados por Irán. Entre las cosas que han aprendido de ellos está la falsificación y distorsión de las cifras de víctimas civiles y las causas de sus muertes. La ONU se tragó por completo las falsas cifras de Gaza, y está cometiendo el mismo error con el Yemen.

Al igual que la campaña defensiva de Israel en Gaza en 2014, y que el sostenido apoyo militar estadounidense al régimen afgano, la guerra de los saudíes en defensa del Gobierno yemení y en contra de la agresividad iraní en la región es legal y legítima. Por tanto, la ilegalidad de las muertes de civiles debe ser juzgada según las leyes que rigen los conflictos armados; en particular hay que establecer si se adoptaron precauciones adecuadas para evitarlas, si fueron proporcionadas a los objetivos militares y si resultaron necesarias para alcanzar dichos objetivos. La ONU no puede llegar a semejantes conclusiones sin una investigación más amplia y concienzuda, y, sobre todo, no puede hacerlo basándose en la información y en la interpretación de unas fotografías proporcionadas por los enemigos de Arabia Saudí.

A la mayoría de nosotros no nos gusta cómo gobierna su país el régimen saudí, en estricta aplicación de la sharia, y su historial en materia de derechos humanos nos parece detestable. Pero los valores de las Fuerzas Armadas saudíes son de sobra conocidos y comprendidos por los líderes militares occidentales, incluidos los británicos y estadounidenses, que han trabajado codo con codo con ellos durante muchos años. Lo cierto, como atestiguarán los militares de nuestras Fuerzas que actualmente están sirviendo junto a ellos, es que los saudíes y sus aliados no están tratando deliberadamente de matar a civiles inocentes. De hecho, están haciendo cuanto pueden por minimizar el número de bajas civiles. La cuestión es si eso es suficiente.

Arabia Saudí y sus aliados de coalición poseen el equipamiento bélico occidental más sofisticado, incluidos aviones, helicópteros de combate, drones y municiones con guiado de precisión. Pero carecen de experiencia de combate. La excepción son las fuerzas de Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con muchos años de experiencia en combate junto a fuerzas occidentales en lugares como Somalia, Kosovo, Libia y Afganistán. Debido a ello han actuado con gran profesionalidad y efectividad en el Yemen por tierra, mar y aire.

Sin embargo, la falta de experiencia de los otros miembros de la coalición los sitúa años por detrás de nuestras fuerzas en lo que se refiere a dominio de las muy complejas técnicas de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, comunicación y selección de objetivos del siglo XXI.

Pero la coalición afronta los mismos exigentes desafíos con los que nos encontramos en los campos de batalla del mundo entero. Sus adversarios huzis combaten de acuerdo a la doctrina desarrollada por su patrocinadora, la Fuerza Quds iraní. Al igual que Hezbolá, Hamás, los talibanes, Al Qaeda y el Estado Islámico, sus técnicas incluyen el asesinato deliberado de civiles, luchar confundidos entre la población y obligar a inocentes a convertirse en escudos humanos.

Ignoran por completo las leyes de la guerra y aprovechan que sus enemigos sí las respetan. Tratan de engañar a sus oponentes para ataquen y maten a civiles. Se aprovechan de la credulidad o de la complicidad de reporteros, organizaciones internacionales y grupos pro derechos humanos para difundir su propaganda, que incluye falsos testimonios y la sistemática falsificación de imágenes. Su propósito es suscitar una condena internacional para así obstaculizar a sus enemigos, muy superiores desde el punto de vista militar.

Hemos visto análisis forenses creíbles de los ataques en el Yemen que contradicen frontalmente las conclusiones de la ONU. Esos análisis muestran que, lejos de atacar deliberadamente a los civiles, los saudíes y sus aliados han adoptado medidas dignas de mención para minimizar el número de muertes entre la población civil. Cabe señalar que han aprendido mucho de la forma en la que Israel llevó a cabo sus operaciones en Gaza. Ello ha incluido el empleo de municiones con sistemas de guiado para llevar a cabo ataques de precisión contra los insurgentes al tiempo que se busca reducir los daños colaterales.

¿Por qué las fuerzas de la coalición iban a emplear enormes sumas de dinero en un conflicto tremendamente caro disparando munición de precisión y arriesgando a sus valiosos pilotos si pretendían asesinar civiles? ¿Por qué no emplear munición no guiada, mucho más barata, o las indiscriminadas bombas de barril de Asad?

La abrumadora mayoría de las muertes de civiles causadas por la coalición no se ha debido a ataques deliberados, sino a unos pilotos faltos de experiencia y a unos rudimentarios sistemas de inteligencia y selección de blancos frente a un enemigo que lucha confundido entre la población civil. Y también al fragor, confusión y estrés del combate, que hacen que hasta las fuerzas más sofisticadas, experimentadas y prudentes, como las estadounidenses, británicas e israelíes, a veces maten a civiles sin querer. Al contrario de lo que afirma la ONU, eso no equivale a un crimen de guerra.

Al igual que todos los conflictos de Oriente Medio, la guerra del Yemen es prácticamente insoluble, se está cobrando las vidas de muchos civiles inocentes y es poco probable que su conclusión se acerque remotamente a una solución perfecta. Pero Arabia Saudí y sus aliados están llevando a cabo considerables esfuerzos por restaurar la estabilidad del país y a su legítimo Gobierno.

La inestabilidad del Yemen va en contra de los intereses occidentales, incluido el suministro de petróleo. También hace posible que prosperen allí Al Qaeda y el Estado Islámico, amenazas letales y probadas para Estados Unidos y Occidente.

Al enfrentarse a los huzis del Yemen, Arabia Saudí se enfrenta también a Irán, que representa una amenaza aún mayor para la región y para el mundo entero. Envalentonados por el acuerdo nuclear del presidente Barack Obama, enriquecidos gracias a la liberación de miles de millones de dólares en fondos que estaban bloqueados, y animados por el inminente aumento de los ingresos procedentes del petróleo, los iraníes están dando rienda suelta a sus agresiones imperialistas en Irak, Siria, Líbano y el Yemen.

Por muy difícil de aceptar que sea para muchos, Arabia Saudí es y seguirá siendo un aliado fundamental de Occidente. Debemos continuar apoyándola en su lucha en el Yemen. No debemos permitir que las falsas, desinformadas y cada vez más estridentes condenas de la ONU, de grupos pro derechos humanos y de los medios de comunicación minen la efectividad de la lucha saudí, como han tratado de hacer con las fuerzas de otros Gobiernos legítimos que luchan contra insurgentes anárquicos en muchos otros lugares del planeta.

Nota: Jasper Reid ha sido coautor de este artículo.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio