Revista de Prensa

Arabia Saudí: cambios y turbulencias

 

Bandera de Arabia Saudí.

Steven A. Cook, del Council on Foreign Relations, analiza las consecuencias del nombramiento de un nuevo príncipe heredero, firme defensor de la agenda reformista, cuya implantación entrañará sin duda riesgos.

[Mohamed ben Salman, el nuevo príncipe heredero] ha demostrado cierta perspicacia con respecto a lo que aflige Arabia Saudí en el terreno doméstico, pero su Visión 2030 exige más destreza diplomática que la política de poder duro que ha llevado a cabo hasta ahora. Uno puede apreciar su deseo de hacer borrón y cuenta nueva, pero parece que gobernar Arabia Saudí exige equilibrio. De alguna manera, Qatar y el Yemen son laboratorios para una nueva política exterior y de defensa más resuelta e independiente. Pero ninguno de los dos ha ido bien para nadie y ambos prometen hacer más daño si siguen descontrolados.

Hay un papel aquí –si el presidente Trump no lo impide– para el secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, Jim Mattis; el consejero de Seguridad Nacional, H. R. McMaster, o alguna combinación de los tres, para ayudar a que la visión de Mohamed ben Salman sobre la región sobre forma. Si no pueden, los americanos se enfrentarán con un problema mucho más grande que un príncipe impulsivo: la desestabilización de Arabia Saudí.

El pasado fin de semana, un ataque de las fuerzas del régimen de Damasco contra combatientes rebeldes acabó afectando a territorio israelí. Ron Ben-Yisai afirma que Israel no debe pasar por alto cualquier derrame del conflicto sirio sobre su propio territorio.

El Ejército sirio dejó a un lado todas sus normas de precaución y disparó a las fuerzas rebeldes que le atacaban sin considerar que el fuego podría afectar a Israel. El Ejército sirio evita normalmente disparar contra territorio israelí, sabedor de la rapidez y agresividad con que responde Israel, como parte de su política de no permitir ninguna violación a su soberanía nacional.

La política israelí surge del entendimiento de que el fracaso en responder agresivamente a cualquier daño colateral en territorio israelí, aunque no sea intencionado, será interpretado como una violación de la soberanía israelí y podría pasar de llovizna a aguacero, por no mencionar el desgaste de su poder de disuasión en los Altos del Golán. Israel, por tanto, tiene que asegurarse la posibilidad de responder.

Es lo que defiende el analista saudí Abdulramán al Rachid. A su juicio, Qatar debe deponer su actitud y pedir un acuerdo con los países árabes liderados por Arabia Saudí con los que ahora anda en conflicto, dado que su estrategia de seguir jugando con varias barajas parece haberse agotado ya definitivamente.

Qatar cree que todavía puede salir de ésta con añagazas (…) Sin embargo, la crisis ha experimentado una escalada de gravedad. Para Egipto, las acciones de Qatar dañan su seguridad, especialmente cuando financia a grupos terroristas armados radicados en Libia.

Esos grupos atacan a Egipto en medio de las celebraciones de Al Yazira (…) Por su parte, Arabia Saudita ya no guarda silencio sobre los huzis que bombardean ciudades saudíes con el apoyo de iraníes y cataríes.

Arabia Saudí no puede permanecer en silencio sobre la financiación de Qatar a los saudíes que combaten engañados con el ISIS y el Frente al Nusra en Siria e Irak. Somos conscientes de que el objetivo real de Qatar (…) es que esos saudíes regresen más tarde a Arabia Saudí y luchen aquí. Es parecido a lo que hizo cuando incitó a los saudíes que se rebelaron contra su país y se unieron a Al Qaeda en Afganistán en las dos últimas décadas.

La batalla es clara. Qatar apunta a los regímenes, debilitándolos o derribándolos. Es inevitable que tales acciones sean respondidas de la misma manera. Por lo tanto, es mejor (…) sacar la bandera blanca, antes que quedar arrasado por tu propia propaganda.