Revista de Prensa

Algo se mueve en la calle árabe... israelí

 

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En Haaretz, Alexander Yakobson da cuenta de una serie de datos que llamarán poderosamente la atención a todo el mundo, incluso o sobre todo a los muy antiisraelíes líderes políticos de la comunidad árabe-israelí.

“Frente a lo que dicen los diputados árabes, se está desarrollando un proceso de israelización profunda en la sociedad árabe [israelí]”, dice [el escritor] Salman Masalha (…), citando, entre otros materiales, los hallazgos de un reciente estudio en el que se preguntó a una muestra de [ciudadanos israelíes] árabes por su autodefinición primordial. El 46% dijo ser “israelí árabe”; el 22%, “árabe”; el 14%, “palestino” y el 19%, “israelí palestino”. Masalha advierte de que el 65% de los encuestados incluyó el término ‘israelí’ en su autodefinición.

(…) el 76% de los árabes dice que [en Israel] las relaciones entre los judíos y los árabes en la vida cotidiana son “mayormente positivas”, y sólo el 18% las describe como negativas (frente a un 53%-33% entre los consultados judíos) (…)

(…)

Todo el mundo comprende que hay buenas razones pragmáticas para preferir vivir bajo un Gobierno israelí que bajo uno palestino, pero no hay una necesidad pragmática para adoptar la ‘israelidad’ como un elemento importante de la propia identidad, o para decir que uno está “orgulloso de ser israelí”, como hizo el 51% de los árabes consultados para la elaboración del Israeli Democracy Index de 2018, incluidos el 49% de los votantes de la Lista Unida [coalición árabe antisionista].

Estas posiciones son inconcebibles en el marco ideológico aceptado por la mayoría de la opinión pública árabe; inconcebibles, pero ahí están, y son bastante prevalentes. Los seres humanos son criaturas complejas.

Sobre el mismo tema escribe en Israel Hayom el profesor Eyal Zisser, de la Universidad de Tel Aviv, utilizando como percha unas impactantes declaraciones de un líder árabe.

El sorprendente anuncio del líder de la Lista Árabe, Aymán Odeh, de que estaría dispuesto a unirse o por lo menos a apoyar un Gobierno de centro-izquierda ha provocado un maremoto en el sistema político israelí. Como era de prever, los partidos sionistas se apresuraron a descartar la idea de cooperar con Odeh y su facción antisionista. Más significativo (…) fue que algunos de los colegas árabes de Odeh (…) rechazaran inmediatamente sus palabras (…)

Ahora bien, las palabras de Odeh no iban dirigidas a los políticos sionistas, ni siquiera a quienes puede que lo necesiten después de las elecciones; ni a sus colegas árabes (…) Ni que decir tiene que tampoco iban dirigidas a la opinión pública judía, a la que hace tiempo dejó de cortejar (…)

Las palabras de Odeh iban a dirigidas a los votantes árabes, a los que necesita para ser una fuerza importante en la próxima Knéset. […] Los votantes árabes no ocultan su indignación y descontento con los políticos árabes, debido a su actitud política y personal pero también por la agenda que tratan de hacer avanzar. (…)

Es importante comprender que los votantes árabes, especialmente los de la generación más joven, quieren integrarse y participar en la sociedad israelí. Aunque a menudo hacen críticas o formulan demandas que la opinión pública judía considera extremas, los árabes israelíes prefieren el camino de la conexión y la integración y no el de la separación y la alienación. Prefieren una agenda cívica centrada en cuestiones relacionadas con el bienestar social, la educación, el empleo, etc., antes que la de los políticos árabes, centrados casi por completo en el conflicto israelo-palestino.

La caída de la participación [electoral] en la comunidad árabe es erróneamente percibida como una muestra de desafección. [Pero lo cierto es que] no significa un desentendimiento del Estado, sino de la vieja política de los partidos árabes y de sus representantes en la Knéset, que ignoran los intereses de los votantes árabes (…) Por desgracia, los partidos sionistas han renunciado a los votantes árabes, dejando el campo libre a esos mismos partidos árabes que [piensan que] cuanto peor se pongan las cosas para los ciudadanos árabes israelíes mejor les irá a ellos.

En el Middle East Institute, el director de su Programa sobre Extremismo y Antiterrorismo, Charles Lister, advierte contra una retirada total de EEUU de Siria, pues a su juicio no resolverá ninguno de los problemas existentes y, de hecho, reforzará las posiciones de sus grandes rivales en la zona y pondrá en aprietos a su gran aliado, Israel. 

Lo que pasa en Siria no se queda en Siria. Deberíamos haber aprendido ya esa lección. Los primeros tres años de conflicto nos trajeron al Estado Islámico (EI), la más poderosa y acaudalada organización terrorista que haya visto el planeta (…) Eso catalizó asimismo una flujo masivo de refugiados que ha paralizado a los vecinos de Siria y desestabilizado la política europea (…) Se cometieron y se cometen crímenes de guerra (…) con total impunidad. Las normas internacionales sobre el uso de armas químicas han sido patentemente socavadas. (…) Irán se ha expandido regionalmente como nunca antes, y Rusia ha emergido como un auténtico rival para la influencia norteamericana en Oriente Medio. Aunque la Siria de 2019 pueda parecer distinta a la de 2014, ninguna de estas cuestiones se ha resuelto (…) y algunas incluso pueden empeorar.

(…)

Una salida prematura de Siria podría inflamar los problemas existentes y asegurar futuras amenazas que EEUU habrá de confrontar (…)