Revista de Prensa

¿Afronta Israel una amenaza en forma de 'bomba demográfica' árabe?

 

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Por su interés, traducimos buena parte del artículo del exdiplomático israelí Yoram Ettinger que publica hoy el diario Arutz Sheva.

En 2017, Israel es la única democracia occidental y economía avanzada con una tasa de fertilidad relativamente alta, lo que facilita un ulterior crecimiento económico que no descanse en fuerza laboral migrante.

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Frente a lo que suelen decir los demógrafos, Israel no afronta una potencial bomba demográfica árabe. (…)

A principios de 2017, por primera vez –y frente a las proyecciones que viene haciendo el establishment demográfico nacional desde principios de los años 40 del siglo pasado–, en Israel la tasa de fertilidad judía (3,16 hijos por mujer) supera la árabe (3,11). De hecho, en 2017 la tasa de fertilidad de Israel es superior a la de la mayoría de los países árabes (2,1 en Arabia Saudí, 2,4 en Kuwait, 2,5 en Siria, 2,1 en Marruecos, etc.).

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La sustancial, sistemática occidentalización de la fertilidad árabe –de 9,5 hijos por mujer en 1960 a 3,11 en 2016– es una derivada de la acelerada integración de los árabes israelíes en la modernidad (…) y de la mejora del estatus de la mujer árabe israelí (…).

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Al mismo tiempo, desde 1995 se viene produciendo un aumento inaudito de la tasa de fertilidad judía, especialmente en el sector laico, derivado de un relativamente elevado nivel de optimismo, patriotismo, compromiso [nacional] y responsabilidad colectiva/comunal.

El número de nacimientos judíos se ha disparado desde los 80.400 de 1995 hasta los 139.400 de 2016, mientras que el de árabes se mantiene estable en torno a los 41.000. Frente a lo que suele decirse, el número de nacimientos judíos ha aumentado un 73%, pese al moderado declive de la fertilidad en el sector jaredí (…) y a la estabilidad que muestra la fertilidad entre los judíos ortodoxos modernos, debido al auge de la fertilidad en el sector laico.

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Por otro lado, (…) la aliá (emigración judía a Israel) sigue en niveles más elevados de los previstos por el establishment demográfico israelí (26.000 [llegadas] en 2016), [y] tiene un extraordinario potencial, lo que obliga a Israel a reintroducir una política proactiva [al respecto] –en Francia, en toda Europa, Rusia, Ucrania, Argentina, etc.–, como era el caso antes de la aliá de un millón de judíos procedentes de la antigua URSS durante los años 90 del siglo pasado.

Simultáneamente, se registra una persistente emigración árabe (…) de Judea y Samaria (unas 20.000 personas al año en los últimos tiempos), mientras que el número anual de israelíes emigrantes (…) ha disminuido sustancialmente: desde los 14.200 de 1990 a los 8.200 de 2015. Al mismo tiempo, la población de Israel se ha duplicado, prácticamente, desde los 4,5 millones de 1990 a los 8,4 de 2015.

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En octubre de 1944, el fundador de la Oficina Central de Estadísticas de Israel, profesor Roberto Bachi, sostuvo que, en el mejor de los escenarios, en 2001 habría 2,3 millones de judíos en la Tierra de Israel, [que conformarían] una minoría del 34%…

Ahora bien, en 2017, a despecho de la ‘sabiduría’ demográfica convencional, hay 6,8 millones de judíos en la Tierra de Israel (Judea y Samaria incluidas), una mayoría del 66% que disfruta de una demografía robusta.