Revista de Prensa

¿Acabará Obama con Asad antes de abandonar la Casa Blanca?

 

Bashar Asad.

El analista saudí Abderramán al Rashid cree que hay pocas posibilidades de que el presidente estadounidense adopte una posición de firmeza militar en Siria. No obstante, hay determinadas circunstancias que, a su juicio, aconsejarían llevar a cabo una acción de ese tipo.

El caos reina, impide la seguridad y muchas áreas están bajo la protección y el gobierno de bandas locales y extranjeras que recaudan dinero de los residentes por la fuerza. Por tanto, atacar los cuarteles generales del régimen en Damasco enviaría múltiples mensajes. El primero confirmaría la necesidad de que se respetase el mapa que divide el país entre ‘nuestra oposición’ y ‘vuestras fuerzas’, que iraníes y rusos violaron al atacar Alepo y otras áreas controladas por la oposición moderada. Es seguro que los aliados de Damasco respetarán el ‘statu quo’ que existía antes del último bombardeo. El segundo [establecería] que si el régimen rechaza seriamente negociar con la oposición, así como la idea de una solución política basada en la asociación, entonces será candidato a dejar de existir. Actualmente rechaza todas las soluciones (…) porque piensa que los rusos y los iraníes eliminarán a la oposición destruyendo sus bastiones y, en consecuencia, no tendrá que aceptar ninguna solución política que implique concesiones.

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Si el régimen de Damasco cree –aunque sea por un segundo– que está amenazado por un ataque americano, cambiará de conducta, al igual que su aliado iraní. Los rusos no quieren enfrentarse a los americanos para proteger un sistema exhausto al tiempo que tratan cautelosamente de lidiar con la crisis de Ucrania, que es el asunto más importante para ellos.

La inacción de Obama en la región ha dejado vía libre a las injerencias, cada vez más decisivas, de Rusia e Irán en el conflicto sirio. Caroline B. Glick hace una proyección de las consecuencias que este nuevo marco geoestratégico tendrá para la región, y especialmente para Israel.

Durante cuatro años, mientras Putin se quedó al margen y cubrió sus apuestas, Obama no hizo nada. Mientras Irán y Hezbolá dedicaron masivos activos financieros y militares a mantener a su marioneta Asad en el poder, la Administración Obama desperdició una oportunidad tras otra para derribar al régimen y contener el avance imperial de Irán en la región.

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Obama dejó que Siria ardiera. Permitió a Irán y a Hezbolá transformar el país en su colonia y dejó que Putin convirtiera el Mediterráneo en un lago ruso. Obama permitió la limpieza étnica de la mayoría suní en Siria y, a su vez, facilitó la crisis de refugiados que está cambiando el rostro no solo de Oriente Medio, también de Europa.

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Israel tiene que desplegar instructores militares más allá de sus fronteras para trabajar con otras fuerzas antiiraníes. El objetivo de esa cooperación debe ser desestabilizar el régimen con el fin de derribarlo. Puede que lleve tiempo, pero tiene que hacerse. La única manera de neutralizar la amenaza que emana de la nueva Siria es cambiar la naturaleza del régimen iraní que la controla.

Y en cuanto a Rusia, Israel tiene que demostrar que es una potencia que Putin ha de respetar por sí misma y no un títere degradado de Washington.

Dabiq es el título de la publicación periódica del califato terrorista, pero es también el nombre de una localidad siria que los grupos rebeldes, con apoyo turco, están tratando de recuperar. Murat Yetkin explica aquí el hondo significado teológico de Dabiq para los terroristas, que los más radicales quieren mantener bajo control a cualquier precio.

No es una coincidencia que la publicación oficial del ISIL se llame ‘Dabiq’. En la escatología islámica, es el lugar donde los ejércitos musulmanes liderados por el Mahdí (el mesías) lucharán contra los ejércitos ‘romanos’ (o no musulmanes), dirigidos por el Dacal (el Anticristo o falso Mahdí) justo antes del Apocalipsis.

Para el ISIL, Dabiq es un lugar sagrado. Muchos creyentes radicales preferirían morir allí antes que en cualquier otro lugar.

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El asalto a Dabiq será la primera gran operación conjunta tierra-aire para la coalición liderada por EEUU sobre un objetivo principal en el teatro sirio contra el ISIL basada en la cooperación turco-estadounidense. Es interesante que esté teniendo lugar en un momento en el que los dos aliados de la OTAN discrepan abiertamente sobre sus alianzas en Siria.