Contextos

Abás huye de las conversaciones de paz a la primera oportunidad

Por Jonathan S. Tobin 

Kerry Abbas
"Si los palestinos siguen rehusando proseguir las conversaciones, ello supondrá que el acuerdo que había arreglado Kerry para liberar al espía convicto Jonathan Pollard a cambio de que el primer ministro Netanyahu accediera a liberar a una nueva tanda de terroristas, que incluía a ciudadanos israelíes, y, posteriormente, a otro gran grupo de presos no condenados por delitos violentos, habrá sido en vano""Si Abás estuviera verdaderamente interesado en la paz, podría sentarse a esperar que Kerry urdiera acuerdos en los que se intercambiaran concesiones tangibles israelíes a cambio de continuar las conversaciones. En cambio ha hecho lo mismo que en 2008, cuando huyó de la mesa para evitar tener que decir que no a la oferta de paz de Ehud Olmert"

Aunque nada es permanente en el proceso de paz en Oriente Medio, de momento parece que los palestinos han encontrado por fin una forma de dar al traste con las conversaciones de paz auspiciadas por el secretario de Estado John Kerry. Pese a que éste había negociado un improbable compromiso de última hora que habría asegurado la liberación de otro grupo de asesinos terroristas, exigida por la Autoridad Palestina, el líder de ésta, Mahmud Abás no iba a aceptar dicho compromiso. Ayer firmó una serie de documentos que testimonian la solicitud palestina de ingreso en 15 organismos internacionales, lo que constituye una clara violación de las obligaciones y compromisos de Oslo realizadas a Estados Unidos. Ésta ha sido una señal de que Abás no va a seguir negociando pese a los esfuerzos de Kerry por darle lo que deseaba. Como consecuencia, el secretario de Estado ha cancelado su plan de viajar de nuevo a la región, lo que da, al menos de momento, la impresión de que las conversaciones han llegado a su fin.

Si los palestinos siguen rehusando proseguir las conversaciones, ello supondrá que el acuerdo que había arreglado Kerry para liberar al espía convicto Jonathan Pollard a cambio de que el primer ministro Netanyahu accediera a liberar a una nueva tanda de terroristas, que incluía a ciudadanos israelíes, y, posteriormente, a otro gran grupo de presos no condenados por delitos violentos, habrá sido en vano. Ese acuerdo habría sido un mal negocio para Israel, porque habría supuesto hacer concesiones reales (liberar a árabes israelíes condenados por asesinatos terroristas, así como la promesa de una paralización limitada de las construcciones en la Margen Occidental) a cambio de la liberación de un hombre que, de todas formas, podría quedar en libertad condicional en 2015. La ironía de hacer que alguien como Pollard -quien, pese a que su delito fue grave y perjudicó realmente las relaciones norteamericano-israelíes, actuó de una forma que consideraba iba en interés de Israel- sea canjeado por gente con sangre israelí en sus manos, era tan grande que, al parecer, el propio espía se opuso a ello.

Pero la principal conclusión que se debe extraer de estos acontecimientos no tiene que ver  con el deseo israelí de ver libre a Pollard tras 28 años en prisión, sino con el deseo de Abás de eludir el proceso de paz. Lo que ha sucedido no es tanto una negociación que sale mal como el hecho de que el líder de la AP ha aprovechado la primera oportunidad que se le ha presentado para huir de unas negociaciones de paz a las que, para empezar, nunca quiso unirse.

Debería recordarse que no resultó nada fácil conseguir que Abás reanudara las conversaciones de paz tras haberlas boicoteado durante la mayor parte de los últimos cinco años. En vez de acceder a hablar sin condiciones previas, los palestinos tuvieron que ser sobornados con la liberación de cuatro tandas de asesinos terroristas. Aunque, como ahora ha quedado de manifiesto, el presidente de la AP hizo poco en las conversaciones -aparte de rechazar continuamente cualquier medida que indicara que los palestinos estaban al fin dispuestos a acabar con el conflicto con Israel-, fue continuamente alabado y mimado por Kerry y Obama por su compromiso con la paz. Mientras ambos seguían acusando a Israel de ser quien obstaculizaba la paz, fue siempre Abás el que demostró que tenían razón quienes el año pasado dijeron que los palestinos no estaban preparados para la paz. Rehusó reconocer la legitimidad de un Estado judío, independientemente de dónde se situaran las fronteras de éste, ni siquiera a cambio de obtener la consideración de Estado y la independencia. Tampoco renunció al derecho de retorno para los refugiados de 1948 y sus descendientes. Incluso cuando Netanyahu, a desgana, accedió al acuerdo marco de Kerry para futuras negociaciones, basado en las fronteras de 1967, Abás siguió diciendo que no.

Así que no debería suponer una sorpresa para nadie que, con el plazo del periodo inicial de conversaciones a punto de concluir, Abás no tuviera el menor interés en proseguir con las negociaciones, ni siquiera en unos términos que habían inclinado el tablero diplomático a su favor.

¿Por qué?

La respuesta es la misma que el año pasado era evidente para casi todos, salvo para Kerry, antes de que se reanudara el proceso. Con los palestinos divididos entre el feudo de Abás en la Margen Occidental y el Estado palestino independiente en todos los aspectos, salvo en el nombre, controlado por Hamás en Gaza, el presidente de la AP no tenía margen de maniobra para hacer las paces ni siquiera aunque realmente lo deseara. Negociar un acuerdo, incluso uno que concediera a los palestinos prácticamente todo lo que desean en lo que respecta a un Estado en la Margen Occidental y a una parte de Jerusalén, no va en interés suyo, porque firmar un tratado semejante resulta bastante más peligroso que ser acusado de dar al traste con las conversaciones de paz. Lo más seguro para Abás es aprovechar cualquier excusa para abandonar las conversaciones y afirmar que está buscando la independencia palestina a través de la ONU, un gesto fútil que no hará nada por su pueblo.

Aunque Abás y sus defensores afirman que ha hecho un gran favor a Kerry y a los israelíes al sentarse a la mesa con ellos durante los últimos meses sin haber obtenido nada a cambio, los palestinos son quienes más tenían que ganar con el proceso promovido por el secretario de Estado. Sin él, para ellos no hay camino a la independencia o a la estabilidad económica. Pero como abandonar las conversaciones permite que Abás evite tener que vender al pueblo palestino un acuerdo que acaba con el conflicto – un pueblo al que se le ha enseñado a considerar que su identidad nacional es inseparable de la lucha contra el sionismo-, prefiere eso a las negociaciones.

Si Abás estuviera verdaderamente interesado en la paz, podría sentarse a esperar que Kerry urdiera acuerdos en los que se intercambiaran concesiones tangibles israelíes a cambio de continuar las conversaciones. En cambio ha hecho lo mismo que en 2008, cuando huyó de la mesa para evitar tener que decir que no a la oferta de paz de Ehud Olmert. Aunque éste no es el último capítulo de la iniciativa de Kerry, quienes se apresuran siempre a culpar de todo a Israel deberían tomar nota del comportamiento de Abás y sacar las conclusiones apropiadas.

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