Contextos

Abás acaba con el proceso de paz

Por Tom Wilson 

Mahmud Abás.
"El rais exige: completa retirada israelí de todos los territorios adquiridos por Israel en 1967; que Israel complete dicha retirada en el plazo de tres o cuatro años; que a los palestinos no se les exija reconocer al Estado judío; que se especifique que Jerusalén Oriental será la capital de un Estado palestino; liberación de todos los presos palestinos, y resolución de la cuestión de los refugiados conforme a las líneas de la resolución 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas, lo que esencialmente significa enviar a los palestinos que afirman ser refugiados no a un Estado palestino, sino a Israel, lo que supondría acabar con la existencia del Estado judío que Abás se niega a reconocer"

La semana pasada, Jonathan Tobin escribió aquí que estábamos a punto del cuarto “no” palestino a un acuerdo de paz. Parece que éste ya se ha producido, aunque algo más pronto de lo que se esperaba. Muchos observadores asumieron que, una vez que el secretario de Estado, John Kerry, lograra presentar su marco para una paz negociada, el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, buscaría una excusa para rechazarlo. Lo que pocos podían predecir es que Abás encontraría la forma de rechazar la propuesta antes incluso de que ésta fuera presentada. Y, sin embargo, ésa es precisamente la hazaña que ha logrado realizar el presidente de la AP.

Ayer por la mañana, el portavoz de Abás en Ramala anunció la nueva serie de líneas rojas  establecidas por la AP para cualquier acuerdo de paz. Cada una de dichas líneas hace añicos cualquier cosa que Kerry fuera a proponer; lo mismo hace, en general, con las posibilidades de un acuerdo entre las partes. Esas líneas rojas que Abás especifica en una carta enviada a Estados Unidos y al Cuarteto bloquean a la perfección lo que quiera que Kerry fuera a esbozar en sus parámetros para la paz. Así, el presidente de la AP elude hábilmente un escenario en el que los israelíes accedieran a un plan de paz y los palestinos se vieran presionados para no hacer descarrilar otro intento de resolver el conflicto.

Las nuevas líneas rojas de Abás bloquean cualquier concesión solicitada por los israelíes, e incluso por Estados Unidos. El rais exige: completa retirada israelí de todos los territorios adquiridos por Israel en 1967; que Israel complete dicha retirada en el plazo de tres o cuatro años; que a los palestinos no se les exija reconocer al Estado judío; que se especifique que Jerusalén Oriental será la capital de un Estado palestino; liberación de todos los presos palestinos, y resolución de la cuestión de los refugiados conforme a las líneas de la resolución 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas, lo que esencialmente significa enviar a los palestinos que afirman ser refugiados no a un Estado palestino, sino a Israel, lo que supondría acabar con la existencia del Estado judío que Abás se niega a reconocer.

“Sin esos principios no puede haber una paz justa e integral en la región”, declaró el portavoz de Abás, Abu Rudeineh. Así que parece que podemos despedirnos de los intentos de Kerry, bastante desastrosos, de alcanzar una paz negociada, buena parte de los cuales han sido obstaculizados por el intercambio de insultos y acusaciones entre el Departamento de Estado y los políticos israelíes, mientras la Unión Europea se mantenía en segundo plano, lanzando amenazas sobre las repercusiones que tendría para Israel el fracaso de las negociaciones. De hecho, ayer por la mañana el presidente del Parlamento Europeo, Martin Shulz, estuvo en la Knéset sermoneando a los israelíes (en alemán) sobre “hacer dolorosas concesiones para la paz”, y lamentando las penurias por las que, según acusaba, Israel había hecho pasar a los palestinos.

La líder de las negociaciones por parte israelí, Tzipi Livni, sugirió recientemente que podíamos esperarnos una sorpresa en lo relativo a la aceptación del Estado judío por parte de los palestinos. Ha resultado que no. Nadie se va a sorprender por este rechazo por parte palestina, aunque el que se haya producido tan pronto puede haber pillado a alguien con la guardia un poco baja. Ni siquiera el presidente Obama, que había dicho que el acuerdo marco de Kerry tenía menos de un 50% de posibilidades de éxito, se sorprenderá cuando reciba la carta de Abás. Y seguro que Kerry, que veía muy de cerca cómo se iba desarrollando todo esto, tampoco podrá decir que está sorprendido.

Tal y como estaban las cosas, parecía cada vez más que el Departamento de Estado estaba a punto de obligar a los israelíes a aceptar un acuerdo marco, incluso en cuestiones tan inaceptables como una completa retirada del valle del Jordán. Kerry empezaba a lanzar (poco) veladas amenazas a los israelíes respecto a qué pasaría con Israel si éste no veía la forma de aplacar las exigencias palestinas. También había rumores de que el Departamento de Estado iba a intentar que la Casa Blanca respaldara los intentos de presionar a los israelíes para que aceptaran un acuerdo que sería aún menos de su agrado que el que, al parecer, Kerry iba a presentar en un principio. Ahora, probablemente, el primer ministro Netanyahu no tendrá que preocuparse porque le pidan que acepte unos parámetros que no se podía pretender que un líder israelí impusiera a su pueblo. En vez de eso, Abás seguramente ha alejado todo ese desagradable asunto.

Lo que queda por ver es cómo se las apañarán la Unión Europea, el Departamento de Estado, J Street, los boicoteadores, los articulistas de Haaretz y del New York Times e incluso el propio Abás para culpar de esta debacle a Israel y a Netanyahu.

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