Contextos

Abandonando a los más valientes

Por Max Boot 

Soldado
"Los iraquíes y los afganos que han prestado servido a este país son los refugiados más meritorios, admirables y fiables que pueda haber"

Tras un caótico fin de semana por obra y gracia de la orden ejecutiva del presidente Trump sobre inmigración, el proceso recupera cierta cordura con el anuncio de que quienes tengan permiso de residencia permanente podrán volver a EEUU aunque hayan nacido en alguno de los siete países a cuyos ciudadanos se les ha prohibido temporalmente la entrada. Pero no se ha hecho ningún ajuste para los iraquíes y los afganos que han prestado servido a este país, y que son los refugiados más meritorios, admirables y fiables que pueda haber.

Uno de esos hombres, Hamid Jalid Darwish, que trabajó durante diez años para las tropas estadounidenses en Irak, arriesgando considerablemente su vida, fue detenido y esposado durante 19 horas en el aeropuerto John F. Kennedy hasta que quedó libre. Asombrosamente, no dijo una sola mala palabra sobre Estados Unidos, un país que lo ha tratado de forma tan miserable. “Estados Unidos es el mejor país, la mejor gente del mundo”, dijo a los periodistas.

Puede que así sea, pero EEUU tiene también un vergonzoso historial de abandono de sus aliados. De ahí la célebre frase de Nguyen Van Thieu, expresidente de Vietnam del Sur: “Es fácil ser enemigo de Estados Unidos, y muy difícil ser su amigo”. Es un sentimiento sin duda compartido por la mayoría de los iraquíes y afganos que tanto se han arriesgado para ayudar a las tropas de EEUU a cumplir sus misiones.

Kirk Johnson, exfuncionario de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en Faluya (Irak), ha hecho más que ningún otro para ayudar a traer a estos intérpretes asediados. Presionó para que se creara un visado especial para ellos, programa que ha hecho posible el reasentamiento de 7.000 iraquíes pero que ahora está suspendido. Dejó un apasionado lamento en Twitter y Facebook, que vale la pena leer. Una pequeña muestra:

Uno de esos refugiados musulmanes, un iraquí amigo mío al que llaman ‘Homeboy’, hacía de intérprete para la 82ª División Aerotransportada –por cinco dólares al día– cuando un americano amigo suyo, un sargento primero de Minnesota, fue herido por un IED [artefacto explosivo improvisado]. ‘Homeboy’, sin pararse a pensar en religiones o nacionalidades, corrió a través del campo de batalla para salvar a su amigo, cuando un insurgente le disparó y le destrozó una pierna. Los médicos, creyendo que había muerto en el ataque, apilaron cadáveres sobre él en la parte trasera de un Humvee, hasta que fue capaz de soltar un gemido. Durante su convalecencia, su casa fue atacada con granadas por terroristas que lo consideraban un traidor. Le costó cuatro años de agonía que su solicitud de asilo pasara los trámites burocráticos.

Hay muchos otros iraquíes y afganos como Homeboy que, por el momento, no han tenido suerte. Esto no es sólo una tragedia humanitaria; está siendo también un grave problema para los intereses de seguridad de Estados Unidos, dado que contamos con la cooperación de innumerables iraquíes y afganos para luchar contra enemigos como el ISIS, Al Qaeda y los talibanes. Va a ser más difícil convencerlos de que arriesguen el pellejo para ayudar a las fuerzas estadounidenses si saben que EEUU no les guardará las espaldas.

Y no sólo atañe a los intérpretes que los soldados de EEUU necesitan para hacer su trabajo; también se trata de la moral de las fuerzas de seguridad iraquíes y afganas, en las que hay asesores estadounidenses están integrados. El teniente general retirado Mark Hertling, oficial ampliamente respetado que estuvo de servicio en Irak, dijo en Twitter el domingo pasado: “Hoy he recibido tres mensajes de líderes iraquíes (coroneles y generales) que preguntaban: ‘¿Por qué está pasando esto? ¡Nosotros también estamos luchando contra el ISIS! ¡Esto les ayudará!’”. De hecho, el veto en los visados se considera ampliamente –y con razón– una bofetada en la cara de los aliados de EEUU en Irak.

El Parlamento iraquí, como era previsible, ha reaccionado de manera similar aprobando medidas que recomiendan suspender las visas a los estadounidenses; medidas que, de aplicarse, supondrán un grave obstáculo a los contratistas de los que nuestras tropas dependen para muy diversos servicios sobre el terreno. Además, se cree que la decisión estadounidense perjudica al relativamente moderado primer ministro, Haidar al Abadi, que querría una estrecha cooperación con Estados Unidos, y refuerza a los radicales chiíes que predican el “Muerte a América”.

¿Me explican otra vez cómo se supone que el decreto de Trump va a reforzar la seguridad nacional?

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio