Contextos

A vueltas con el Monte del Templo (y 2)

Por Denis MacEoin 

Muro de las Lamentaciones
"Convertir el Monte del Templo, el Muro de los Lamentos, la Tumba de Raquel, la Cueva de los Patriarcas en lugares sagrados exclusivamente musulmanes está directamente vinculado con el auge de la islamización. Con la destrucción de iglesias, santuarios, tumbas y lugares sagrados de la antigüedad considerados idólatras, incluso mezquitas consideradas heréticas, el Estado Islámico pretende borrar todo rastro de la Yahiliya, 'la Era de la Ignorancia', que imperó en el mundo hasta el advenimiento del islam"

No hay motivos por los que los musulmanes no puedan venerar el Monte del Tempo, desde la distancia o residiendo en la propia Jerusalén. De ese modo, sería otro lugar religioso vinculado a más de un credo, en este caso, al judaísmo, al cristianismo y al islam. Por desgracia, ese sentido de dominación sobre todas las demás religiones se traduce en que los musulmanes no tengan nada de eso.

Para ellos, el Monte del Templo y sus alrededores son musulmanes, y nada más. En la época moderna, esto se deriva de la visión más general de que todo Israel es territorio islámico.

El concepto islámico de supremacía se ha impuesto al de la Unesco en contradicción directa con su política de aceptación de lugares multirreligiosos.

En octubre de 2015, seis Estados árabes, en nombre de la Autoridad Palestina (AP) y otros, propusieron a la Unesco que cambiara la designación del sitio para que dejara de ser un lugar sacro judío y se convirtiera en uno musulmán, como parte de la mezquita Al Aqsa. Se fijó una votación para el 20 de octubre, pero se pospuso tras la airada protesta de la directora general de la organización, Irina Bokova, que dijo que “deploraba” la propuesta.

Pero la votación aún podía salir adelante a favor de la AP y sus adeptos. Al día siguiente se anunció que la Unesco había acordado por votación designar como musulmanes otros dos importantes lugares sacros judíos: la Cueva de los Patriarcas, en Hebrón, y la Tumba de Raquel, en Belén.

La Cueva de los Patriarcas es, según cuenta la tradición, donde están enterrados los cuerpos de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca y Jacobo y Lea. Es el más antiguo de los lugares sagrados judíos, el segundo más importante, sólo por detrás del monte donde fueron construidos los dos templos. Será conocido como al Haram al Ibrahimi, “el Santuario de Abraham”, así denominado porque Abraham es descrito en el Corán como el primer musulmán. Curiosamente, eso basta para convertirlo en un lugar “musulmán”.

La Tumba de Raquel, situada hacia la entrada norte de Belén, se considera el lugar de reposo de Raquel, esposa de Jacob y madre de José y Benjamín. Considerada el tercer lugar sagrado del judaísmo, y lugar de peregrinaje para los judíos desde la antigüedad, ha sido sagrado para judíos y cristianos durante siglos. Desde que la tumba cayera en manos islámicas, en el siglo VII, también ha sido un lugar venerado por los musulmanes, porque Jacob y José son personajes del Corán, que en cambio no menciona a la propia Raquel.

Líderes y autoridades musulmanas como el jefe de la Facción Norte del Movimiento Islámico, Shaij Raed Salah, no quieren un poquito de allí y de allá. Quieren que todo Jerusalén sea consagrada internacional y plenamente como ciudad musulmana, como ocurrió cuando Jordania ocupó la ciudad, para expulsar a los judíos y destruir todas sus sinagogas.

Los intentos de negar cualquier presencia judía –antigua o actual– en Jerusalén, de decir que jamás hubo un templo, y no digamos dos, y que sólo los musulmanes tienen algún derecho a la totalidad de la ciudad y sus santuarios y monumentos históricos están alcanzando unas proporciones descabelladas. Las expresiones más extremas de esta gama de afirmaciones ahistóricas, supremacistas y conspirativas forman parte de muchos discursos y comentarios del ya citado jeque Raed Salah. Lo que sigue es un extracto de un discurso que pronunció en una concentración en 1999:

Vamos a decir abiertamente a la sociedad judía: no tenéis derecho a una sola piedra de la bendita mezquita de Al Aqsa. No tenéis derecho a una sola y diminuta partícula de la bendita mezquita de Al Aqsa. Y, por tanto, diremos abiertamente que el muro occidental de la bendita Al Aqsa es parte de la bendita Al Aqsa. Nunca podrá haber ni un pequeño Muro de los Lamentos. Nunca podrá haber un gran Muro de los Lamentos… Vamos a decir abiertamente a los líderes políticos y religiosos de Israel: la exigencia de mantener la bendita Al Aqsa bajo soberanía israelí es también una declaración de guerra contra el mundo islámico.

Salah no está ni mucho menos solo. El actual jefe del Consejo Supremo Musulmán, Ekrima Sabri, se ha afanado durante muchos años en invalidar las demandas judías sobre el lugar. Sabri sostiene que el Templo de Salomón es una “alegato sin pruebas”, algo que se han inventado los judíos por “odio y envidia”. Dice que el Muro de los Lamentos es “una propiedad religiosa musulmana”, con la que los judíos “no guardan ninguna relación”.

En unas recientes declaraciones, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, dijo: “La [mezquita] Al Aqsa es nuestra (…) y ellos [los judíos] no tienen derecho a profanarla con sus sucios pies”.

Según UN Watch:

El embajador Shama Hohen [Carmel Shama Hohen, embajador israelí ante la Unesco] preguntó al delegado palestino Munir Anastas por qué los palestinos no están dispuestos a reconocer el derecho de los judíos al Monte del Templo y a incluir la denominación ‘Monte del Templo’ en la resolución, junto a la árabe, ‘Haram al Sharif’. Anastas respondió (…) que si los palestinos reconociesen el Monte del Templo, entonces el presidente palestino, Mahmud Abás, y el rey de Jordania, Abdalá, se convertirían en el objetivo número uno del ISIS.

¿De verdad que es a eso a lo que se reduce todo? ¿A que el Estado Islámico manda sobre la comunidad internacional? ¿También sobre la Unesco?

El pasado 15 de abril, el Comité Ejecutivo del Programa de la Unesco y el Comité de Relaciones Externas se congregaron para su 199ª sesión. La primera resolución sobre el Monte del Templo fue promovida por Argelia, Egipto, el Líbano, Marruecos, Omán, Qatar y Sudán, todos miembros de la Organización de Cooperación Islámica. Esa votación pasó a la 40ª sesión del Comité del Patrimonio de la Humanidad, que estaba previsto se celebrara en Estambul del 10 al 20 de julio.

Por pura casualidad, la intentona golpista de julio en Turquía trastocó el evento, y la votación se ha programado ahora para una reunión que se celebrará en otoño. Es posible que se base en un borrador de resolución elaborado por la Unión Europea que es, de hecho, otra negación más del vínculo histórico judío con el Monte del Templo. Pero, considerando la unilateralidad de esta resolución, ¿dónde está el compromiso de la Unesco con procurar “un diálogo entre todas las partes afectadas”?

Convertir el Monte del Templo, el Muro de los Lamentos, la Tumba de Raquel, la Cueva de los Patriarcas en lugares sagrados exclusivamente musulmanes está directamente vinculado con el auge de la islamización. Con la destrucción de iglesias, santuarios, tumbas y lugares sagrados de la antigüedad considerados idólatras, incluso mezquitas consideradas heréticas, el Estado Islámico pretende borrar todo rastro de la Yahiliya, “la Era de la Ignorancia”, que imperó en el mundo hasta el advenimiento del islam.

El mundo se indigna cuando ve las ruinas de Palmira, o de otros grandes centros monumentales de la civilización humana, reducidas a polvo. Pero ese mismo mundo calla cuando los árabes palestinos y sus defensores islamizan todo y cuestionan la propia existencia del pueblo judío en Tierra Santa.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

“A vueltas con el Monte del Templo (1)”.